Oh las veces que París/ o cualquier
ciudad del
mundo/ fue tu
cuello./
¿Qué querés que haga?/ está en mi naturaleza/ de
vampiro/ vos
nunca
dejes de
morderme.


E. Rodrígez


PARA LEER EN FORMA INTERROGATIVA

Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...

Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...

Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...

Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,

había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.


Julio Cortázar

martes, 15 de diciembre de 2009

Tus ojos amarillos

Imperiosamente escucho esa gota caer, por la rendija, de ese patio, de mi patio... De cualquier espacio.
Mi planta comenzó a crecer en espiral, aunque uno no crea las esencias siempre hablan.
Se siente bien esta paz. Esta maldita seguridad de saber que todos soltaron la llave. Que ahora sólo debo encontrarla en el aire, no en una mano.
De pez a caballo de mar.
De un invierno en donde por fin no tuve frío a un verano tropical; desnudo - desprovisto de escalofríos.
A veces confundo el cigarro con la lapicera, a veces digo destapador intentando apagar el despertador.
Hoy el día nublado no me lastima, pero eso sí... tus ojos amarillos acarician mi contorno.

Si dejamos de darnos forma tal vez nos olvidemos rápido.
Si dejamos de intentarlo tal vez vuelva a recobrar la frase de la mano y mi llave, de mi aire y tus libertades.


E.B.

sábado, 5 de diciembre de 2009

A LO GIRONDO



Soy perfectamente capaz de enceguecerme.
Ampliamente hábil para nostalgiarme.
Me es extremadamente fácil llamarte y lograr conversaciones de amplios minutos sin que estés, sin que sepas que deberías estar, sin yo saber que nadie se está en ningún lugar.
Tan frágilmente puedo abandonar todo en un segundo. Recaer. O levantarme y pretender edificar.
Violentarme y enterrarme en el pecho de mis pensamientos tan rápido que deje en el tintero una a una las responsabilidades del vivir conciente.
Olvido prematuramente mi capacidad para respirar y recaigo habitualmente en manuales y métodos legitimados para aprender a inhalar y exhalar, olvido que estos olvidos no son los que se olvidan.
Absurdos dulces de no querer comprender las instituciones y pretender borrarlas en el vapor que se forma en los espejos de los baños
Y las adicciones, las adicciones a todo, el correr a las trampas ácidas de una noche que se muestra libre, que se siente libre, que se sabe… es libre fuera y dentro de todo.
Las casualidades, que de verdad queremos sean efectivas, u afectivas en su excepción.
El creer algo verdadero por temer tanto a su falsedad. Las lógicas mal planteadas y mis pies tan plantados en lógicas.
La tierra se derrite ya.
Mi cuerpo se ablanda.
La música me canta susurros y las palabras se disparan desde tantos lados que no encuentro posible la imposibilidad de nada.


E.B.

PRETENSIONES



Necesitaría despertar. Salir. Volar. Buscar algo que me anime a volar.
Algo...
que no me haga más recaer siempre en ella.
Siempre ella…

Algo que me sacuda. Algo que sea lo mismo pero nunca más lo mismo. Una especie de estornudo al absurdo. Un escupitajo como este pero desde otra boca hacia la mía.
Un grito mudo, tan callado como el tiempo que llevo sin hablar en este día. Una metamorfosis como la sufrida ahora sin darme cuenta de cómo suceden las cosas. No quiero ya depender del tiempo, siempre esperando tiempo para escapar. Cierro las puertas que abren otros, abro las que me cerrás constantemente en la cara.
Escribo en las tapas de los fósforos, espero que todo lugar a donde piso desaparezca al instante. Siento el vacío en mi estómago y ya no puedo pretender pedirle a nadie que se me acerque, ya no puedo pretender seguir estando de esta forma y pidiendo cómodamente desde mi cama una salida utilitaria, un dolor instrumental, una mano artificial…


E.B.

EL AGUA EN LOS ZAPATOS

Estoy enojada contigo y conmigo misma porque no podemos vernos.
Entenderás que esto es literatura y para nada lo escrito figura en sentido literario de la palabra.
Entenderás que tu noche y mi noche nunca se amigan.
La palabra está hecha para jugar, para fantasear. Para fortalecer la mente (asunto -este último- que debe tomarse con extrema delicadeza).
Las palabras. Mis enojos. Las debilidades.
En todo lo que hago cuando pienso estás vos. Como espejo, como designio.

Puto reloj.
Cada posibilidad me genera más imaginación.

Todo se trata de ocupar el tiempo y el espacio. De medir a dónde piso, por que si no mido amor, si no mido me mareo rápido, se descomponen las venas, la sed me seca la boca antes de que termine el vaso de cerveza. Por que uno se conoce tanto y tan poco. Por que no entiendo a tus pies ni a los míos, por que siempre termina siendo necesario el paraguas, el piloto… El agua en los zapatos nos aterra… estamos horrorizadas con eso.
Por eso estoy descalza cuando estoy sola. Por eso me calzo cuando te veo. Para poder salir corriendo si es necesario me dijo alguien una vez…
Huyo. Necesito gente a mí alrededor. Compartir estas verdades para que pasen a la fantasía, para que seas un dibujito animado, para destruir lo oculto que sobresale siempre.

Para que crean que es poesía, para yo creer que esto sólo es un juego. Un olvido. Un huequito donde esconder la cabeza…


E.B.

DÍA VERDE



I

Ir y abrazar un árbol.
Estas doblado, inclinado sobre el césped a donde están tus otros… los espejos de ti. Te alejas del ruido, del cemento, del oxígeno derretido.
Eres grande, aún vistes de verde siendo que el otoño se acordó de volver. Te resistes se ve, te esfuerzas en seguir eligiendo ese color, tu color.
Me pincha tu corteza, no encuentras el abrirte a mí:
a mí-hombre, a yo-cemento.

II

¿Serás un siempre verde en mi vida?


III

Una savia rara…
Palpitaciones que ahora vienen de mediodía.
Melodramas de calidad dudosa.


IV

¿Debería estar un tiempo sin pensar?



E.B.


Desde qué esquina escucho tu voz. Desde qué ángulo se forma tu recuerdo. Cómo haré para rehuir de ti los días nublados, cómo haré para no engañar mis ganas con otras sábanas.

El cansancio evita que mi mente ejercite conmigo sus trampas de antaño.
Donde estarás en este invierno.

Me pregunto si alguna vez mis ganas de escribir no coincidirán con tus curvas, con tu mirada española, con mi nostalgia de exilio mal logrado.

Al final el final nunca existió, ni existirá de nuestras partes tambaleantes. Aún escribo dentro de un nosotros jamás perpetuado, jamás regado.
Nunca el jardín tuvo necesidades verdaderas, nunca estuviste y ahora, recién ahora que te pierdo, que te suelto, que te siento de veras lejos. Sólo ahora entiendo que no quiero entenderte. Que no quiero explicarme, que no quiero ya pedir tu mano.

Mi mano ya no sabe hablar con otras,
mi mano y tu mano aquella vez…
las huellas…

amor centro, amor narcicista.


E.B.

COMO DOS NIÑOS



Sacar hacia fuera las verdades.
La maldita búsqueda de la verdad llevó a enloquecernos.
La insistencia inútil de usar la palabra exacta para explicar algo de nace de omisiones, deslices. De todo lo que no pudimos ahogar, de las dudas que permanecieron debajo de nuestras almohadas. Eso que por suerte ninguna de las dos vio. Eso que no controlamos y con lo cual nos maniatamos enredándonos en hilos y más hilos.
El recuerdo al olor de tus suspiros, la caricia que me recorrió entera hace tanto tiempo ya. Tus labios tarareando esa canción que me persigue cada vez que mis manos la recuerdan.
Cuando me rindo apareces. Cuando me nublo me llovés. Intento vivir aún sabiendo de tu existencia en la vereda de mi vida.
¿Cuántas veces más te buscaré? ¿En alguna volverás a decirme que sí? ¿Sabremos decirnos sí en el momento exacto?

Los destiempos, cómo duelen.
Los puentes… terrible trabajo el de derribarlos… se construyen solos, ya lo sabemos.
Las máscaras… sacárselas de la cara… Siempre me costó mirarte fijo y sin embargo no puedo olvidarme de tu pupila clavada en la mía.
Siento que voy agarrada a la manga de tu buzo, me siento un niño llorando por terror a que su madre se le pierda. Y así no puedo pretender agarrar otra mano… y así pierdo otras cosas… y así te elijo una vez más en esta medianoche que se pone cada vez más agria y ácida.


E.B.

EXACTITUD DE MEDIANOCHE

Por qué será que la exactitud contigo llega de medianoche. A luz de vela, a lagrimal cansado.
Por qué la coincidencia. Tu carta vieja, tan vieja.
El fantasma, la teoría, el pensamiento.
Una simple distracción me lleva hasta tus huecos: vacíos, mis venas: vacías.
Da lo mismo, todo quedó en un destiempo. Y da lo mismo entenderlo, aceptarlo, dejarlo ir y contenerlo. Da lo mismo porque es imaginario, irreal, inexistente.
La practicidad del vivir, la inconsistencia polidimensional del tiempo concreto… la discrepancia del verdadero tiempo interior.
Y lo peor…

El miedo a que el tiempo de verdad esté sobrando entre nosotras…


E.B.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Basta de domingos puritanos. Estoy de acuerdo que nuestros mejores recuerdos han sido abriendo los ojos ese día, pero desacuerdo en que insistas en aparecerte en cada uno de ellos si regar las plantas ya.
Son miles las partículas que en este momento se desprenden del polvo asentado, de la tierra aparentemente mojada.
No tengo forma alguna de hacerte a un lado, tengo que atravesarte para llegar a cualquier sitio.

Me siento perdida en Paris, entre tantos puentes para llegar a un centro inalcanzable. Cruzé varios ya y ninguno tuvo llegada a nada. Todo se doblo hacia adentro, hacia el comienzo y ahí murió.

Igual... da lo mismo... No es domingo y ya regué las plantas.



E.B.

lunes, 30 de noviembre de 2009

 Lágrimas de tergopol.
Chiquitas.
Diminutas.
Blancas...

                      Tic
                              Tic


Caen.

Si el oficio del que ama (y fíjese bien que digo oficio), es juntar tapitas en el mar...  labor inexistente (fíjese bien).

Todos se tratan con cuidado.
El arte del mal diálogo.


E.B.

lunes, 16 de noviembre de 2009


No se che…
Tengo un hueco en el pecho.
Me has tocado, has vuelto a acariciar mis cabellos como antes.

He quedado dura. Mis manos han transpirado, mis pies han encogido.
Si no buscamos…
Si nos buscamos…
Sin buscarnos.

Me parece que te quiero más de lo que puedo aceptar. Aunque mientras te llame silenciosa y me respondas, como hoy, telepáticamente, químicamente como supimos hacer el amor. Aunque te busque de forma confusa -para ti y para mí-, espero conocer a alguien… espero desesperada encontrar algo que me mantenga distraída… cosa de poder extrañarte sin agarrarme las rodillas todas las noches.

Los caramelos de vuelto nunca son los mejores.

De a poquito a lo mejor, poco a poco, no sobra nada.


E.B.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Tarritos



Tengo una tristeza que me calo hondo toda una historia fiel a la novelística.

Tengo un chirrido de soledad que me aturde los pies. No puedo caminar sin patearte a cada paso.

No tengo mas receptor, solo emito susurros, no tengo más secretos ni estrategias para evadirme.

Perdí una piedra preciosa en el camino, me arrepiento pero aún no encontré mi error.

Te busco desesperada y explícitamente como nunca hago cuando amo. Porque no te amo (pero cómo me doles ahora mismo). Y me gusta así. Me gustas así-


¿Cómo se producirá esta sensación?


Raspadura, comezón.

Siento la profundidad de mi estómago y pienso que algo debe de haber, ahí donde caen las cosas o se vuelcan. Así sea desde una caída que implica un piso o un vuelco que al menos implica la presencia de alguna certeza física. Se siente que hay algo más.

Adentro, muy adentro algo me congela la garganta. Constantemente tengo sueño y eso parece ser una huida que con mucha causalidad sea casual.


Sensaciones de efectos,

afectos con muchos efectos,

afecciones que son sentimientos con efectos en los afectos.


¿Cuántos juegos más de palabras me engañaré sólo por divertirme?

¿Cuántas veces más seguiré con la cuerda del reloj en la mano?



E.B.

viernes, 6 de noviembre de 2009


La gravedad del instante, la disímil tragedia de un color caliente devuelto apariencia. Circunstancia. No-obviedad.

Se pueden hacer tantos circulitos en la arena como quieras.
Me siento un puntito negro en una hoja de papel en blanco. Perdido, buscando el sentido de por qué esta ahí, a quién le servirá, de qué dibujo formará parte, qué mano vino y lo puso ahí… qué mano….

Fantaseo, luego existo.

Todo me hace temblar. Agarro ese libro y pareciera que se burlara de mí, que se metiera en los intersticios de mi mente y lograra escarbarla, codificarla en mi lengua y servirse sexual frente a mis ojos.
“Sólo es un libro”, pienso.
¿De qué servirá pensarlo?, sí, sé que es un libro pero no pasa por una cuestión física o lógica (¿real?); sino porque hay un sentimiento que altera estos sentidos, se coagula mi adrenalina atenta a seguir el orden imperioso que esas letras gestan. Algo nace y muere.

Todo libro debería de tener un auténtico monstruo esperando en alguna de sus hojas.

Esperando que la ficción del libro y la del lector se unan y todo parezca volverse real, real y una sola cosa, una sola cosa y real.

Lo fantástico (en mi estado actual y el del libro que ya me lame los pies a estas alturas) es mi noche, es el viento huracanado que barre el polvo viejo del tiempo parado, viciado, no-potable. La espera es un claro ejemplo de lo bello y mortal de lo aparente. La gravedad del instante también lo es.

Decido penetrar tu cotidianeidad desde una constante permanencia en lo absurdo. Acuerdo con mis límites nunca jamás respetarlos. Me agarro furiosamente otra vez del hilo, del espejo y de nuestras vueltas en calesita. Me enojo continuadas veces por mi accionar, porque no aprendí a soltar, porque no puedo romper a pedazos el vicio… porque son muchos años y ese tiempo succiona cada músculo que insiste, -e insiste bien-, en caminar hacia delante.

Son esos días, en que lo que está y como está lo siento mal predispuesto, mal equilibrado, mal distribuido… y no puedo más que volver mi cabeza un rompecabezas y jugar a que lo que se arma es un laberinto, por lo tanto sólo cuando termine el rompecabezas (y atender muy bien a la lectura de esta palabra) podré recién tomar un lápiz (y no olvidar jamás la goma) para empezar a trazar circulitos o algo que se asemeje en su huella total a una puerta, una ventana, una llegada a brazos, a cuerpos, pieles…
E.B.

viernes, 30 de octubre de 2009

FORMA DE PEZ



El no tener ganas.
Ganas de nada.
Este estar intacto en la escena y sin embargo no ser ornamento. Este no caminar.
Una levedad se apodera de mí, se me nubla la mente. Cada un minuto y medio me estiro, mis pies, mis brazos… y no logro acariciar nada.
El viento remueve el aire de esta habitación. Miro hacia la única ventana del lugar y no encuentro más que pájaros en silencio y piedra. Piedra por doquier, arriba, abajo; me tapan, continuamente están tapando espacios.
Es inútil querer apartarme de las letras. Puedo permanecer instantes de ideas sentada frente al papel. Puedo pasar horas jugando con un papelito que tropecé en la cocina. Puedo intentar pasar todo el día sin abrigo. Puedo intentar muchas cosas pero no logro encontrar la llave para salir a la calle.
No recuerdo dónde la dejé esa última vez. No sé si te habré hecho caso y cambié al fin la cerradura o simplemente me la volviste a esconder. Esta vez no está debajo de la cama, ni en el tintero, ni en el forro de la almohada, tampoco en el vapor del baño.

Recuerdo que el llavero era lindo, tenía forma de pez.


E.B.

LA LUZ DEL ARBOL

Se ve una luz… sí, pero no al frente, no en la lejanía. Yo veo una luz al lado mío, que alumbra cada paso que doy. No sé a dónde, pero camino, al menos empecé a caminar.
Los silencios son duros, el peso con el que cargo me molesta, me molesta mucho. Sin embargo la luz no se apaga, alguien la sostiene y eso es maravilloso, porque yo no puedo sostenerla por mucho tiempo: -me da miedo la luz-, debo admitirlo.

Mis manos se arrugan cada media hora, ¿será el tiempo eso?


Escribir; escribir; romper con todo; barrer, seguir y seguir hasta que ya no estés, hasta que te suelte gran fantasma, pequeño, insignificante-unificador fantasma.
Correr, correr, sobrepasar la velocidad de un cuerpo sobre otro, que solo quede uno, que solo quede yo y mi luz. Estoy empezando a pensar que sea un árbol quien sostenga esta claridad, estoy sospechando que no me este moviendo, o tal vez sí, pero alrededor del árbol, ese árbol, hoja fantasma, raíz fantasma, tronco de mi ser.

Me siento atravesada.

Mis manos sudan cada una hora. ¿Qué está pasando? Eso no es el tiempo, tampoco el viento, tampoco yo, tampoco yo.

E.B.

FINAL

Más apretabas las piernas, desde abajo. Arrodillada te acercaste, tomaste con tus brazos…

¿Puede haber suelos tan lisos, tan reveladores de horizontes que no tenga miedo de pisar? ¿De tirarme de panza, o aún más peligroso, de espaldas? Y caer en tu almohada en un septiembre que no concuerda con esa ventana cerrada.

Más apretabas… y era peor sentir como íbamos desencajando las caras, transformando las salivas, afilando los dientes como puños. Cerrando la abertura que habíamos escarbado desde el principio de la noche, de repente fuimos a buscar baldes y empezamos a echar tierra al hueco; tierra en los ojos, en la boca, cellar todo. Tragar la tierra y entender que era feo, que es feo comer tierra cuando había tantas ganas de dormir juntas.
Es como un dibujo hermoso donde fuimos tirando líneas y de repente lo tachonamos arriba –porque no existe goma en la vida real-.

Y ahora una melodía dulce que te trae directo aquí, a la bombilla del mate, al lápiz que se está quedando sin punta, a mis dedos que cargan con huellas que ya no soportan tanta identidad junta.




E.B.

ESCUPITAJO

Volver a saborear las plásticas palabras. Sentir esas ganas en los dedos, en las puntas, en las huellas digitales de este cuerpo.
Es dulce el recorrerse de arriba a abajo, es como saborear una uva desde un ángulo imperfecto. Arrinconar las circunstancias tanto que de tan coherentes devengan en plumas que vuelan y se mezclan, y ya no importan los momentos que unen un hecho. Sino que hay una uva, y una boca. Y ganas.

El colectivo trae tantas burlas consigo, traslada tantas gargantas heridas y cuellos escondidos. Un viaje de 40 minutos o más conlleva a una experiencia única, de detalles rabiosos y silencios que aturdirían a una iglesia cualquiera.

Con ciertas personas me desdibujo, me mezclo, prefiero no hacerme cargo de mi posición relativa en ese momento, prefiero respetarlos tanto que silencio toda abertura, cello cualquier puerta y bajo la mirada. ¿Qué espejo podrían ser ustedes en mí? tal vez de los peores, o simplemente de los que aún no puedo atreverme a mostrar.

Tengo muchas ganas de que venga el verano, cómo lo extraño, como quiero que mi piel renazca con ese sol. Le tengo mucho miedo también, ambas sabemos porqué…
Necesito decir ciertas cosas en voz alta a veces, hablarme un rato, combatirme y matar fantasmas, que por ser tales siempre vuelven…

He escupido párrafos, pulcros, un poco celosos, pero sencillos de adjunto, voraces en mi mente, engañosos como quién no quiere la cosa…

Un Pacto.



E.B.

martes, 27 de octubre de 2009

DELIRIUM TREMENS 2

Qué mareo de sensaciones que formas, me envolvés con una brisa quebrada.


-Podes.        Pasa…

Para.             Para ahí,             un poquito nomás …
Retrocede…            ahí.               Ahí está bien.-


Las mediciones son primordiales.



Esenciales; tanto como mirarte unos segundos fijo cada vez que te veo. Se me vuelve impronta, un desafío, no sé; pero es imprescindible soportar… cargar… volverla caricia, a tu cara, a tus labios, a tu sonrisa que parece pura, de verdad lo parece…
Y después, unos milímetros más arriba, tus ojos. Hay algún tipo de enigma ahí. No son puros… hay vida. Y la vida es impura. (Atrapa).

No tenes palabra de etiqueta, ni sinónimo, ni menos adjetivo; no entras en el ABC de todo… hay un miedo que sí tiene palabra: cada vez que te veo es como empezar casi de nuevo, solo que con la potencia del tiempo que sigue pasando y vos… Y vos seguís estando, tan presente como desde que explotó este pequeñísimo cosmos, en forma conjunta digo. Ambas cargamos con este hallazgo desde un poco más hacia atrás, en nuestros pasados con otros, de otros… porque al elegir no ser concientes de que corríamos para el mismo lado, no lo escribimos ni firmamos con nuestros apellidos. Ni siquiera alivia eso… ya no me duele nada. Quiero disfrutarlo. La otra parte, la más oscura, no me corresponde.

-en este suelo que pisamos, hay muchos condimentos, sos exquisita-.


Agarrá el despertador que está sonando muy fuerte… no nos vamos a escuchar sino… podemos despertarnos solas aunque estemos durmiendo en la misma cama; y sobre todo, podemos despertarnos juntas, al mismo tiempo, aunque no durmamos en la misma cama. Te puede pasar… sí. A mi también.

Los dados caen. Azar de dedos que se tocaron, en la punta. Justo ahí.

Me besaste el cuello.
Te besé los párpados… uno por uno.
Si te permití. Si me permitiste.

Te acaricié los brazos.
Me besaste los dedos… uno a uno.
Esas cosas no son llaves que encuentra cualquiera.

Fue exquisito.


E.B.

sábado, 24 de octubre de 2009

cuidados intensivos sin sala de espera


Me cuido, me cuido de todo. De los domingos, de no comerme las uñas, de no temerte en las esquinas (en esa esquina), de los lápices con punta.

Me cuido de que siempre la mesa nos separe, me cuido de tus pies felinos (ni hablar de tus ojos).

Me cuido de las arañas, las cucarachas, de los noticieros, de los labios con punta.

Me cuido de encontrarte aunque jamás de buscarte. Cuido a tu planta, le cuento las ramitas, le hablo de mí y de cómo extraña el ser humano a otro similar humano.

Me empecé a cuidar de los bares después de las cuatro de la mañana y de los excesos baratos.

Me cuido de lavarme los dientes, de sacudir la ropa antes de ponérmela.

Me cuido de llorar, aunque ahora mismo icé bandera blanca, también me cuido del no-llorar. El equilibrio siempre te termina lamiendo los pies.

Me cuidé de vos, me cuidé tanto de vos; hasta que se me ocurrió agarrarte cariño.

Me cuido del fantasma, poco-pero-trato-de-intentarlo. (creo-que-es-porque-ya-no-me-importa-más.)


Entre tanto cuidado creo que ya me asqueé-.



E.B.


lunes, 19 de octubre de 2009

ENGAÑO MATUTINO

Las agujas caen al revés y pinchan a las que caen después.

Así haya sido el tiempo, así los culpables hayan sido los relojes que sonaban cuando despertábamos por las mañanas, y debíamos vestirnos (acto maldito ese) y no podíamos llegar tarde, juntar todos los besos en uno y partir con la cara a medio lavar y tu cuerpo todavía calentando un lado del mío.

Así haya sido que verdaderamente la libertad que anhelábamos y pensábamos estar construyendo quedó de espejo, separándonos. Tuve que romper el límite... tuve que hacerlo. Tú comenzaste con las palabras, yo me encargué de regalarte libros que hablaran de cronopios.

Así sea todo de una buena vez, hoy el día me empuja. Todos me empujan... y yo no se donde quiero, o en su excepción debo, ir.

Así y todo no haya sido nada... dime dónde guardo la forma de un solo cuerpo que era mi cama, cómo despego mis ojos a la mañana sin engañarme, sin disfrazarme, sin vestirme con tu ropa y aparentar que son sólo mías estas ganas de desayunarme.


E.B.

ECOSISTEMAS























Empiezo escribiendo porque aún no encontré escapes en la imaginación. Tal vez este espacio antes estaba teñido de poesía, musas que sólo vivieron en estos papeles. Hermosas y odiadas palabras.
Las tijeras siempre recortaron tu nombre, tus iniciales. Ya no sé nombrarte.
Este día de pies tibios y tiempo salvado.
El tiempo que me pega, me envuelve, te devuelve… aún no te lleva. Eres viento, eres de esos pájaros con libre derecho a ser pájaro. Claro que volarás… claro que deberás volar…
Y yo pez. Pez que no tiene mundo, que sale a la orilla para poder respirar y te mira volar. Y tú a veces bajas del cielo y bebes de mi contorno, de mis límites. Bajas y te quedas, subo y te respiro.
Ecosistemas… mi opuesto, mi parte de afuera.Seguiré tus huellas, pisaré con la forma de tu pie y luego sin que te enteres volveré hacia atrás, sin dibujar nada demás, volveré al agua, me iré de ti, volveré a mi ambiente final.


E.B.

SORDIDEZ Y TERNURA

No se si se podría tratar de sordidez. De continuidades heredadas y el deseo de destrozarlas. No se cómo tratar estos temas que sobreviven al tiempo, y no sólo que perduran sobre su espalda (y la mía naturalmente); sino que también exigen palabras, sentidos de agujas de reloj (lógicamente), actividades sustentadas por materialidades para llenar este mundo.
Y te tomo desde la espalda, a vos que también tenes altas disidencias con el tiempo. Te abrazo los pies porque también necesitas creer en la libertad.
Lo que me huele mal aquí es que la sinceridad -escalón fiel que pusimos en el camino-, coarta a la libertad. ¿No te parece que todo intento de ser libres son los ahogos que sufrimos al nacer? ¿Las lágrimas que en ti se transvierten y por mí salen suicidas cuando hablamos esas noches metafísicas?
No duele el existencialismo, no duelen las palabras abstractas que parecen nunca poder ser análogas a la realidad; duele el presentimiento, el instinto, la baba por caer. Después viene el después; próximo está la caja, la jaula, la escalera si uno no se olvida e insiste en la necesidad del aire. En seguida, pero nunca en el mismo momento, viene la categoría. Tu enemiga. Mi mejor amiga.
La palabra me ha tomado y de ella no podré escapar.
El problema es que elegimos la escalera y es eso. No hay más. Es ese subir escalones hasta. Es como si lo dibujáramos. No hay un piso y un adónde llegar concretos. Sí simbólicos, sí imaginario, sí a todo, menos que sea tangible. Entonces es ahí donde me detengo… no quiero seguir trepando.
Y sin embargo a eso le llaman vivir.
Y sin embargo a vos te puedo tocar. Puedo agarrarte contra mí cada vez que te veo. Y aunque después hablemos; no quiero perderte el gesto, no quiero descuidarte por que tal vez una escalera entre dos de alguna manera, al menos dibujando, pueda convertirse en un puente.



E.B.

domingo, 18 de octubre de 2009

circunstancial

“Parece que nuestro juego es el silencio,
jugamos a dejarnos sin palabras”

A veces es duro saberla tan cerca.
Tan materialmente construida como espejo. Tan bilateralmente unidas por un vértice que sólo es respetando su composición en dos líneas que jamás se juntaran, que se abrirán para llegar a otros puntos de la habitación, de la imaginación.

Se escucha el goteo de una sensación en el pecho. El ruido que hace el chasquido de la gota en el tórax. Se siente como si alguien abriera una canilla.

Me siento serenamente expandida, mal distribuida, emparentada con tus formas de pensar y volverte loca por tus ideas y las mías, esas que iban saltando bailarinas entre las sabanas y los desayunos. Las grandes alusiones a lo imaginario, lo simbólico, lo duramente real…

Necesito amigarme con las circunstancias, con lo increíble e inimaginable hasta que simplemente se muestra posible, redundante, aburrido.



E.B.

jueves, 15 de octubre de 2009



No nos congelemos ¿si?






Tus manos también tienen algo, siempre sufrí una especie de obsesión por encontrar personas de manos grandes.




Algo hay en ellas, (nada haces),


pero nada dices, (algo tienes)...
E.B.

BARQUITO DE PAPEL




Que poco sentido se le ve a esto.
El hecho de poder escribirlo a priori, reírme, hacer una pausa, consumir un cigarro y volver a sentarme. Cantar, hasta ya no poder resistir y llorar, y después parar otra vez.
Sentarme y escribir que “no tiene sentido” es un absurdo total.
Estoy cansada.
¿Lo habremos gastado?
La verdad que tiemblo porque me encanta mentirme, pero ¡sí! que se diluya todo esto, matémosnos de una buena vez.
Lo vivimos por otro lado, muy mental y queriendo ser irracionales, justificando nuestras acciones inmorales en impulsos puros, sintiéndonos mejor sólo en el momento… Después cada cual habrá teñido su almohada de puertas para escapar, cambiar la historia, mover algunas partes, algunos años, acomodarnos mejor porque no encajamos. No podemos y nos duele, y lo tomamos ahora como un juego, un rompecabezas. Queremos pero no podemos.
Días para cuadrar un encuentro dentro de una zona estudiada y analizada. ¡Para qué!, si apenas llegamos nada se cumple, por eso esto de vernos tan poco y con tanto esfuerzo y ya muertas de las ganas. Todo sale en impulsos así, es natural que no sepamos qué hacer, si abrazarnos primero y cambiar de ropa un rato, de culpas y cansancios, intercambiarnos los hábitos y desconocernos. O tal vez primero hablar. Hablar. No nos vayamos a querer olvidar de hablar porque sería terrible. Hablarnos mientras nos miramos tanto que mis palabras terminan recordando un viejo balde de la infancia, y nos damos cuenta que coincidió con el color de tu taza de jardín, y ahí sí se conectan las palabras con el cuerpo, con nuestras miradas que brillan, y no quieren ahora ya nunca entender porqué brillan así, o porqué tu mano se acerca sin que lo quieras permitir y me toma y yo no puedo ya no temblar, y admitir que por más que lo planeemos no se puede si esto sigue así.
La ciudad no nos alcanza para escondernos pero nuestras almas decidieron encontrarse igual, vaya a saber si a luz natural o de velas. Perdón pero no puedo irme.
Y me voy.
Porque esto es así, no tiene sentido si me voy o si me quedo.
No tiene sentido.
Por eso me quedo, desde esta orilla. Tal vez te espíe, debo admitirlo, tal vez te vuelva totalmente irreal y termine dibujándote en la pared con una tacita de otro color, para que no seas vos nunca más. Para ver si así puedo seguir desde esta orilla.


E.B.

lunes, 12 de octubre de 2009

Dejaré de contarte los dedos.
Dejaré caer las pelusas sobre las sombras que dejaste.
Barreré mi piso de tus huellas, trataré de olvidar la forma de tus pies.
Erizaré mi piel cada vez que intente buscarte, alertaré a mis sentidos y me negaré. Me negaré para no llamarte.


E.B.

domingo, 11 de octubre de 2009

CABALLITO



Un caballito galopa una línea, la salta, luego dobla y llega a la esquina, llega y no sabe que pasa MIENTRAS necesita pensar: un olvido, un hilo de sudor, que tenga un hijo y no sea violador de mi ley, de la tuya, esa mortal tan temida, ¿de qué me hablan cuando hablan?

Qué pasa que me miras así, por qué me tenés que mirar así caballito, si después galopas hacia la línea, y yo no se hacer líneas… solo redondeles, me gustan los redondeles, esos que no tienen fin

caballito

caballito recto

Las venas me duelen, los barcos llegan al puerto y a mi me divierte esconderme entre estas letras, casi me río, casi que admito que me gustas caballito.

Pero a vos te gustan los caramelos

Y a mi no me gusta la comida, prefiero los platos vacíos, porque son redondos…

Estoy haciendo de mí una trampa dialéctica.

Algo chiquito entra y sale. Entra y sale. Algo chiquito. Y ya sé que es eso…

Un hierro olvidado y una vidriera rota, sin escaparate.

martes, 6 de octubre de 2009

QUE NO ESTARÍAS AHÍ

Hoy traté de decirte…
Traté de confiar un encuentro que nunca sucediera.
Y leí tus palabras rotas, pude ver atrás de ellas.
Es la ley que nos atraviesa. No nos sirve buscarnos y sin embargo yo insisto en romper los encuentros casuales.
Me desenterrás en un segundo. Me sacas de raíz y donde sea que me trasplantes yo me adapto
Sin luz, sin agua… pero si tus manos me cuidan…
Hoy quise decirte que todo había acabado, que ya era tarde. Sin embargo agarraste el reloj y lo retrocediste sin ningún tipo de pudor. Siempre hueles mis despedidas y les das un perfume de algo nuevo que nunca llega pero tampoco se va. Hoy quise dejarte. Sí que lo quise, pero a ti se te ocurrió lluvia de peces, manos de colores. Dijiste hoy nada importa y yo callé. Sigo quedándome donde no hay más lugar. Seguimos compartiendo peces de peceras. Soledades de pájaros encerrados, circunstancias de sentimientos ajenos.

Pensé que serías más fácil. Que no estarías ahí, con tus ojitos claros.
Que no estarías ahí.


E.B.

Y que más podrían ser estas ganas...

Y qué más podrán ser estas ganas de hablarte, de llamarte en gritos susurrantes. Estas ganas de contarte dónde estoy, donde aún permanezco, ahí de donde nunca sabré irme.
Te escribo porque no puedo no recaer. No puedo no buscar ser dos, conmigo misma no logro mucho.
Te quería contar este nuevo vuelo, no incluirte en él, sólo hacerlo paralelo a tus aires, como siempre amanecieron nuestros cielos.

No sé. Estas en esta ciudad fumando el mismo pucho. Yo en horizontal, tú de cuclillas.
No sé, no puedo no saber como estas. Yo reconstruyendo y tú partiendo.


E.B.

UN RELOJ DESARMADO

Tal vez los tiempos de aquí adentro sean incomprensibles para mí.
Supongo que debo irme…
Los años me ponen cada vez más realista.
O tal vez mis pies se comuniquen cada vez más con la tierra.
Si no debo anclarme espero que me sigas mar… que me limpies y me rodees sólo un tiempo más.
Iré en busca de montañas que encierren sólo lo preciso, lo otro lo liberaré a tu fuerza o lo enterraré en la arena.
Estuve esperando por un tiempo que no existe. Que no funciona como todo desencaja aquí.
Un reloj desarmado. Nunca supe cómo armarlos.
Hay tiempos diferentes. Ahora lo entendí.

E.B.

jueves, 1 de octubre de 2009

PERCEPCIÓN

Siempre desde la altura se identifica mejor a la presa…

Sentada desde la rama de este árbol lo primero que se interpone a mi vista (en diagonal y derecho -la vista primera digamos-) es un mediano cartel blanco, rectangular, la información que dispone se encuentra en cuatro palabras, la primera en grande y con la típica sombra de las letras de publicidad, resaltada: Ferretería. Abajo, en letra negra, mayúscula y bien legible: COPIAS DE LLAVE.
Los carteles siguen a cada paso que mis ojos hacen, lo llamaré contaminación visual como para darle un nombre científico y sobre todo, alienado a nosotros. Mientras tanto figuras se mueven debajo de mí, al costado o de reojo, las fotografío mentalmente o simplemente las dejo pasar, las invito a un olvido sin registros, total, como pocas veces aceptamos una despedida tan lúcida y saludable. Después de todo nada existe sin mi percepción, es un poder que debo admitir, me excita, aunque seamos tan inconscientes de él.
Elevo mi vista hacia arriba, el cielo nace y muere dentro de mi rango de visualización, pero no es azul, esta vestido y abrigado por nubes con presencia de ópera, listas para dar comienzo a la danza de la lluvia. Por ahora el teatro aún no abre telones y centro mi vista en la masa nebulosa que sigue moviéndose abajo y alrededor, la denominaré realidad concreta, existe y no por mi poder deja de hacerlo, dentro de este aire imperceptible vive, respira, muere…
Caras, caras y mas caras… Cada uno en su mundo propio, como llevando un arma cargada en sus manos y disparando a lo que quieren dar vida –o muerte que es lo mismo- en su realidad y tiempo subjetivo.
PODER Y MAS PODER caminando sin siquiera pestañar frente a tan tremenda fatalidad… siguen disparando, siguen progresando… Y pasan cuadernos, uniformes, guardapolvos, cascos, maletas de cuero y de plástico, enamorados o en soledad, apurados por llegar o resignados por no encontrar, yendo a trabajar o a robar para el pan…
Rompiendo este cuadro de perfecta infidelidad humana, un auto blanco pasa con luces que titilan desde su extremo superior delantero, en un segundo anuncia la carrera secreta e inhabitada de la vida a la muerte.
Y todo sigue pasando tan inexorablemente que prefiero cerrar mis ojos, y alucinar con el mundo del revés.

Siempre desde lo alto se puede ver lo simple y banal que puede llegar a ser todo, o lo sensible y gastado que puede volverse el mundo.

(Siempre desde la altura se identifica la presa)


De repente, en mi interior y desde el exterior veo a un niño, que ahora detiene su paso y me come con su mirada.

Y me están observando otros ojos, a la distancia extrema….

Y soy su presa…


E.B.

LA SILLA EN LA CASA

Aún así sabés…
Aún sabiendo que siempre hubo una pata de la silla que gustaba tambalear… Quería ese choque, ansiaba que tu vestido se volara por la caída.
Aún, cuando por formalidad, las reglas fueron dictadas antes de la mirada. Siempre hubo sinceridad de cuerpos, las palabras lo estropearon todo, de nada sirvió que interpretes mi discurso o que yo agregue puntos suspensivos. Pero igual, la practicidad ayudó a discernir responsabilidades.
Cuando busco, pretendo la salvación, y no lo fuiste. Pero si hay algo que me desespera y fascina es no poder situarte. Y no es tortuoso, diría que se vuelve ocioso.
Y cuando no te busco… la silla sigue siempre en el rincón de la casa. Y son esos días, en que uno vuelve cansado de caminar y patear botellas, en que me siento un rato a conversarte. No estás siempre, la casa es grande y hay otros muebles. Todos crujen, todos me miran, pero tu silla me espera de espaldas y no hay mucho de cortesía en sólo esperar a deshacerme de ella.
No, no estás siempre, no sos augurio ni mucho menos abrigo de ocasión.
Me gusta así, tirar un poco del hilo, solo para tejer la trama de algún recuerdo y después descocerte. Me agrada el ejercicio, será porque no hubo tiempo para estropearlo. La lluvia siempre fue espejo de la tormenta, devino así, en causalidad casual.
Es raro verse, pasado un tiempo prudencial, en la misma estación, el mismo azar de las calles que brotan de recuerdos secos, la misma brisa que lleva y trae, y yo voy y vengo. Tiro del hilo y lo guardo.
Tropezarte en un aroma se asemeja al deseo de no situarte más allá de la silla. Soy cazador de olores, esos que fueron y no pretendo, sean palabras.

Aún así, hay algo mucho más importante que persigo como fin: no terminar nunca de encontrarte.


E.B.

Y CASI TE LO DAN

Y casi te lo dan…
Siempre es así, amagan que viene con ese absoluto y uno lo cree. Igual…
¿Qué le queda al hombre a estas alturas más que creer?
Crear, correr, cristalizarse.

Qué diminutas que veo estas palabras, un saxo tirado en un callejón… algo de rabia hay en esta canción.

Algo que buscar es otra esencialidad que siempre hay que tener.

Después te lo dan, no te preocupes, no matemos la utopía por favor…

Te prometo que voy a hacer lo posible
para que te lo den…

y casi te lo dan.

Siempre es así.
E.B.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

(...)


Hay que ser respetuoso de los procesos ¿no te parece?
sí, yo pienso que el más apto sobrevive...
Pero igual no sirve no considerarse tampoco. Los antagonismos, el equilibrio inexistente.

Todo. Nada. Da igual.

Hay que ser respetuoso del escalón que subís
y los que quedan por trepar.

Yo te invito, agarrame la mano, no la signifiques. Yo solo quiero dar un paseo. Nunca va a ser más que una simple compañía, la del mismo instante.
Lo otro, no existe.
sigue, y sigue, siendo, mental.


E.B.

domingo, 27 de septiembre de 2009

DOMINGO BLANCO

Sigues permaneciendo, sigo permaneciéndote.
A cada domingo nublado le agrego una inicial más a tu nombre.
Cada lluvia que baila tangos la disfrazo contigo.
Amada imaginación, me has jugado duro, te he enamorado arduo.

A veces parece que nada se detendrá en mí, de ti. Parece que yo sola puedo contigo, que es cuestión de narcisismo nomas...

Busco lo que niego, niegas lo que buscas.
Una cercanía hechas de distancias. Una ausencia en la presencia.
Distancias hechas de ausencias.
¿Todo devendrá de reducciones?

Me cuido de los otros, trato de controlar lo inevitable de una recaída ajena, pero me olvido de las mías, y no cuido a mis pensamientos, y no controlo la sangre que late... Y me pierdo en la inconciencia de una mañana de humo azul, de palabra roja, de domingo blanco.


E.B.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Hablar como espejos

Hablar en el amor es crear espejos.

Un libro, una silla, una distancia. Te regalo todo, darte no puedo más que anticipando. Eso cansa.
Pre-veerte no me sale, pero es de la única forma que me mantengo contigo. Eso entristece.

Ataque de furia, de colores fuertes, de ropas livianas que siguen sin caer.

La decisión no será una acción esta vez. Aprender a aceptar que esto sigue, que la falla es justamente la naturaleza de nuestro amor.

"Sea lo que sea esto lo empezamos juntas" Mujer: sea lo que sea no es necesario terminarlo a la par, son difíciles esas ecuaciones en el amor: ¿la equidad de estados?, ¿el equilibrio?, ¿el momento justo?... son difíciles.

Creo que busco excusas. Creo que todo esta como ya dicho ¿no?
Sin embargo la pecera es un hecho triste... como el zoológico, como nuestros puentes callosos.

La neutralidad me violenta. Los grises confunden a los colores creados. Tus besos de lejos exaltan mis manos asustadas de rozarte de forma equivocada.

Cada vez menos todo. ¿Cómo será el arte de la buena decisión?

Esto me aterra. ¿Esto funciona?
Te necesito.
Y ahí, justo ahí: perdí el juego. Jaque mate.


E.B.

martes, 22 de septiembre de 2009

viaje

Hay una parte del día que yo vivo y vos no. Hay otra que yo no vivo y vos sí.
Cada uno elige cuando escapar. Cuando dormir, de noche, de día, de a ratos...
Mi color se hizo violeta no-más. Todo se enfureció, los cuerpos cayeron por su propio peso.
Y aquella mujer sin sombrero siento que me observa con un silencio tan volcánico que no puedo nunca más intentar encontrarla.
Me duele el cuerpo che... me perdí tantas veces en el trayecto que ya no se si valdrá la pena quedarse en algún lugar.
Todo se me resbala. La lapicera, aquellas manos. La fantasía se me desparrama por el cuerpo.
Vaya fronteras las que delimitan este existir.
Todo se derrumba y siento que te importa tan poco... duele... otra vez todo duele.
Te regalo esa pecera, las piedritas de colores y arena de huellas borradas. Vos elegí el pirata, el barco hundido como juego, el mar bravo de noches como en las que nos conocimos.
Nos conocimos... crudas nos comimos.
Humo se huele.

E.B.

sábado, 19 de septiembre de 2009

NADA DIGO




Será que siempre debe haber una voz.


Viajeros de la mente, buscadores de azares sabidos inexistentes, soñadores de luna, embusteros tan cálidos con la noche, tan irreales como esta distancia.
Toda la existencia tendrá su tinte, al menos vivirá con el tiempo de mis recuerdos.
¿Será que siempre debe haber calor humano para humedecer las letras?

Será que algo tienes, pero nada digo.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Cuentos

MANUALIDADES PARA AFRONTAR LO COTIDIANO

Se trataba de pasar el tiempo. Tiempo.
Tiempo y espacio.

Se trataba de jugar, de dejarse jugar.
Cualquier tarde podía funcionar, cualquier huida nunca es accidental. Gastón acomodaba las fichas de ajedrez mientras inventaba batallas entre peones, reyes y caballos salvajes. No era muy difícil imaginar la respuesta a la pregunta de cómo aún se alimentan fantasías tales, tan viejas; uno creería que los jóvenes de hoy divagan tal vez cibernéticamente dentro de su mente, pero aún se descubren juegos y fantasías iguales a cuando los viejos era niños.
La realidad que los moldeó, a viejos y jóvenes, muestra sus bases estructurales idénticas en un simple regodeo, en un simple juego. En el género fantasía aún de forma más poderosa… librada a la conciencia del pensante.
Gastón también tenía otro escape realmente sorprendente. Jugaba y le era excitante pensar en palabras que le gustaran por su sonoridad, su vibración, sentir cómo cada letra se articulaba y caía hacia el vacío del aire con oxígeno, a esa nada en que vivía imponiéndole sentido cada mañana en que abría sus ojos. Hacía un esfuerzo sudoroso por apartarlas de su significado, “Saussure y los fundamentos de la lingüística” hubieran acabado con él en un segundo. Pero también hacía oídos sordos a sus conocimientos científicos. No quería nada de eso, nada pre fijo, pre supuesto, pre.
Cada vez que las pensaba, aunque repitiera la misma palabra, sentía cosas distintas. El contexto, su ánimo, la velocidad en que circulara su sangre, todo influía. Pero eso estaba bien, no podría ya pretender disociarse de su cuerpo. Había palabras que al decirlas en alto, estando solo dentro de su cuarto, tomando mates y disfrutando realmente de ese delirio sano; había palabras que le daban seguridad, lo envolvían, lo formaban… los sonidos de sus letras provocaban cambios químicos en su cerebro, cambios físicos en su cuerpo. Otras lo hacían llorar. Una vez ocurrió que pronunció la palabra “azar” y rompió en llanto. Cuando analizó lo que había pasado –una vez terminado el juego, regla sin excepción impuesta por Gastón desde que lo inventó- dudó si fuera por el uso de la “z”, que tanto le gustaba, o si no había podido con la batalla contra su significante, contra su mente, contra cada mínimo filo o roce de sentido que le diera a esa palabra y a su vida.

Dentro de estos inventos domésticos para volverse barbarie por unos momentos, había un ejercicio que Gastón no lograba concienciar, dar sentido, explicar, abarcar, poder manipular y destrozar… y eso le excitaba. Este ejercicio consistía en que cada vez que iba caminando por una vereda (solo, de otra forma reprimía los intentos), inevitablemente, casi sintiendo una presión inexplicable, un vértigo… Una ley seca se apoderaba de sus pasos y debía ir pisando una cantidad determinada de baldosas, a veces con un pie, otras con los dos, siguiendo una secuencia que sólo su cerebro secretamente le confesaba. Este procedimiento en su andar lo repetía de forma mecánica el tiempo necesario que durara su trayecto, y siempre y cuando la calle no estuviera muy transitada. A veces también el juego consistía en seguir una determinada hilera vertical de baldosas estando terminantemente prohibido pisar o rozar otra hilera paralela.
Era un absurdo y últimamente como ideología estaba empezando a buscar respuestas en lo inadmisible, a valerse, a experimentarse, a jugar.
Después venía la oficina; y el ajedrez con sus reglas y su lógica penetrante que también tanto le gustaba. Y la comida de las 2 de la tarde, sino era demasiado tarde y no se llegaría a la facultad. Y después y siempre estando en el trasfondo de esta historia. Allá, en lo profundo, al fondo de todo y nada. Inamovible, Intacto, Inventado: el Tiempo.









PROHIBIDO ESTACIONAR

Fue muy difícil sobrevivir al precio de tu amor…
Apenas te conocí estabas en un comercio de libros viejos, ellos eran mi único desvelo, mi única enseñanza… mas tarde un café me revelaría que para ti, tú única escapatoria.

Parece que el destino estaba aburrido ese día y quiso situarnos, jugarnos y atraernos en una de las pocas salas de cultura que existe en este mundo: la librería.
Casi siempre esos encuentros se suceden en lugares ruidosos, multitudinarios… como lo es un boliche, un recital o un cumpleaños cualquiera de un amigo nuestro, en donde nos enteramos que hay más desconocidos que conocidos y por lo tanto más encuentros que soledades.

Como decía, te vi… y fue inmediato el despertar de latidos fuera de tiempo de mi corazón, estabas ahí, parada de forma cansada; con un pie haciendo un trabajo más forzoso que su compañero, estirado y relajado; mirando detenidamente con aquellos ojos verdes un libro de Borges, corriéndote a veces un mechón de tu pelo lacio y negro que se desvanecía en tu cara sin demasiadas molestias, mordiendo con inquietud tu labio inferior, tal vez el maestro impacientaba tu intelecto…
Todos estamos de acuerdo en que a Borges se lo debe leer, por lo menos, de sentado.
Yo volví a mis encuentros personales con mi propio maestro en el instante justo, en que la línea izquierda de tus anteojos negros pudo retratar mi rostro torpemente enamorado.
Me sonrojé un poco y creo haber oído una pequeña risita saliendo de tus labios tenuemente rozados, pero no pude volver a mirarte…

“¡Es como estacionar un auto Martín!” Me decía a mí mismo casi dejando escapar el sonido de aquel imperativo.
“No es tan difícil, cuando estacionas inspeccionas el lugar, sus proporciones, sus ventajas y desventajas; luego avanzas, maniobras lo necesario y ¡listo!, el lugar es tuyo…”
Se me había formado una sonrisa en mi rostro descuidado.
No se si ella me había estado mirando pero saludó a mi alegría con el mismo gesto.

Ya estaba, solo debía avanzar, maniobrar en contra de sus miedos y los míos y estacionarme delicadamente en su misterioso corazón.

Busqué rápidamente el libro por el que había venido, lo vi y lo admiré por un instante (luego en mi casa le dedicaría la total atención que se merecía).

Pude animar a mis ojos a vencer tanta hermosura y situarse sin demasiada evidencia en los suyos. Me fui acercando sin desviar ni por un segundo mi atención en la “área de estacionamiento”.
Ella lo sabía, lo sentía…

-¡Hola!-

Esa palabra sonó tan decidida y a la vez tan exaltada que borró todo silencio que pudiera habitar en un lugar como ese.
Me miró:
-¡Benedetti!, buena elección, me gusta su estilo de escribir; sin signos ni barreras que detengan su manera de expresarse, es muy arrasadora su escritura…-

¡Y fue increíble!... Ver como sus palabras salteaban toda formalidad (que a menudo uno debe respetar), no hizo falta saludo, ni presentación… ni siquiera una broma para entrar en clima.
Me abrió su puerta y yo entré como un toro desesperado que encuentra refugio y pierde a su torero, pero olvidé que siempre el color rojo seduciría mis ojos y me llevaría directo al dolor. Así era el amor… así sería nuestro amor.

Debía contestarle, aunque mi cabeza aún no había formulado una charla en un nivel tan avanzado.
Decidí salir del apuro haciendo referencia al libro que cargaba en su mano, ya que consideré un poco irrespetuoso seguir hablando de mí y mi gran maestro, y desde ya, menos interesante.

-Bueno Borges es un grande, aunque no tanto como el mío…-
(Primera estupidez de la tarde. Después de tanto cuidado era inevitable que no se me escapase alguna), de todos modos, después de mi llamada de atención personal pude apreciar que había sonreído, y ese fue el final de mi soledad mental.

Nos dirigimos a un bar, solo bastó mirarnos y sin ninguna palabra de por medio (sólo órdenes secretas) marchamos hacia fuera, acatando sensaciones mientras nuestras manos se rozaban bajo la circunstancia del acercamiento mutuo, pero sin acceder a juntarse, hubiese significado demasiado placer para nuestros cuerpos hambrientos…

Elegimos una esquina abarrotada por las hojas del otoño, en donde un pequeño barcito de barrio nos invitaba a pasar y contarnos nuestras vidas y muertes, nuestros perros y gatos, nuestra rutinas y vuelos y obviamente, (no le faltemos respeto) nuestros maestros.


-Discúlpame, ¡qué torpe! ¿Cómo te llamas?-
-Verónica…- su voz era profunda y agravada por el cigarrillo, pero sensible a la vez.
-Martín Herarte- su intención fue, quizás, poder estrechar su mano, pero ella siguió pegada al respaldar de la silla, pitando su cigarrillo y escarbando cada vez con más salvajismo los ojos de Martín.
Ella asumió su brutal acción, pero por alguna circunstancia no quiso remediarlo, y agregó deprisa:
-Se me hace tarde…- y dio un pequeño y desgano indicio de levantarse. Martín lo advirtió y agregó casi torpemente:
-¡Pero no!, digo… tal vez quieras que nos encontremos… mañana… aquí mismo… para hablar un poco más…-

Los ojos de Verónica habían cambiado, seguían fijos, pero se podía ver en ellos una grieta, una puerta hacia su interior, un gesto de abandono y dulzura que Martín soñó por un instante abrazar. Pero luego se volvieron como antes, verdes pero sin profundidad.

-Sí claro, a esta hora- su voz sonó entrecortada, insegura, escurridiza.

Martín asintió entusiasmado pero perturbado, en su voz se escuchó un sí medio misterioso; como si no lograra entender ni tampoco disponer del tiempo para pensar en lo que había ocurrido.
Ella se marchó, sus ojos pronunciaron el adiós y Martín fabrico una sonrisa para su despedida, pero la incertidumbre y la alegría se juntaron en su pecho provocando un sentimiento indefinido.

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Verónica llegó a su casa, hogar un poco venido abajo, pero conservado a pesar del paso del tiempo. Era una casa grande, al mejor estilo de las antiguas.
Entró, buscó en su bolso el libro de Borges, se sentó en uno de los sillones del pasillo que da al patio e intentó leer. No pudo.
Y ya nunca podría volver a leer a su maestro sin que habitara en esas páginas el recuerdo vivo de Martín. Lo cerró, se quedo pensando en él y en el incidente del bar, el pequeño momento en donde sus defensas bajaron y su alma pidió a gritos ser oída por Martín, sus ojos… Se quedó pensando en ellos…
Al cabo de media hora alguien entró en la casa e irrumpió inesperadamente en los pensamientos de Verónica.

-Hola…- una voz cansada siguió hablando…
-…se me hizo tarde en el trabajo, ¿preparaste la cena?-
Verónica tuvo tiempo para borrar de su rostro la expresión de tristeza y agregó después de un momento:
-Enseguida te la preparo-.

Esa noche Verónica inventó un cansancio inexistente y un sueño temprano. Víctor entró en la habitación y la encontró dormida, guardo su necesidad de placer para tal vez mañana y no pasó más de diez minutos en que su cuerpo quedó inmóvil.
Verónica se aseguró de su sueño y abrió sus ojos, sin moverse de la cama ni dar indicios de vida. Solo pensó y se arrepintió de haber dejado aquella puerta abierta en los ojos de Martín, de haber soñado en un instante con aquellos brazos conteniéndola.
Sabía que el hecho de haber accedido a aquella invitación significaba, a partir de ahora en ella, y de mañana en él; un vacío en sus almas, una grieta afilada por miradas y purezas.
No habría tarde en esa esquina otoñal, solo esta existencia, en donde un hombre casi desconocido le respiraría para siempre a sus espaldas.

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Martín estaba en su sillón, desvelado y risueño. Vivía en un departamento en el 5º piso junto a su compañero y amigo José Quinteros, que en esos momentos estaría seguramente en la casa de su novia, Florencia.
Se levantó, abrió una cerveza y comenzó a rememorar lo que había ocurrido esa tarde. Era inevitable no sentirse feliz, aunque había algunos indicios de duda, estaba seguro en su “teoría del estacionamiento”.
Había avanzado, parte de las maniobras las había ejecutado con éxito, solo quedaba arrimarse más, conocer su interior, y después sí, apagar la marcha, dejar el motor de sus expectativas mudo y entregarse silenciosamente a ella y a su arte.
Se durmió ya muy tarde, después que el pensamiento se distrajo por un minuto de ella y divago en imaginaciones no muy importantes, fue ahí en donde sus ojos eligieron descansar y su mente guardo el arduo trabajo para mañana, donde se presentaría una tarde perfecta, llena de signos viales y sentimentales…









EL CUMPLEAÑOS DE FERNANDITO

Decidió entrar ahí porque sus brazos ya no soportaban el cumpleaños de Fernandino. El soñado tren a baterías era mucho peso para Mirtha, que lo cargaba en su mano derecha, apretando con calculada fuerza la manija de la gran bolsa que transportaba la ilusión de su hijo. Su otra mano se las había ingeniado para cargar en el largo camino a casa tres bolsitas de supermercado, llenas de golosinas y bebidas. El cumpleaños era mañana pero los preparativos no podían hacerse esperar tanto.

El bar era oscuro pero a la vez en cada rincón se podían convocar pedazos de historias de amores viejos, brillando aún con vida propia en cada mesa. Se sentó en una que estaba junto a la ventana que da a la calle, siempre elegía ese lugar, era su sitio de desahogo, le brillaban los ojos cada vez que su mirada se dirigía a la gente, esa masa de vida agitada y nebulosa que se movía en ambos sentidos, acarreando consigo imágenes llenas de misterio, melancolía y hasta risas.
Dentro de esa pequeña galaxia ella olvidaba su mundo y se entregaba a la existencia de esas extrañas constelaciones: adolescentes cargando su futuro en mochilas y papeles, oficinistas mirando sus relojes de oro y codiciando un mejor presente financiero, trabajadores sudando la realidad de sus vidas y el hambre de sus hijos, niños escurriéndose en las piernas de desconocidos y madres sobresaltadas buscando sus rastros.

- ¿Señora? Disculpe no, pero…
Mirtha vuelve confusa al mundo y se aleja por un momento de ese universo de crónicas.
- Sí, perdón (su mejillas se tornan más rozadas) un cortado y dos medialunas.
- Enseguida señora.

El mozo se aleja y Mirtha sonríe al recordar los 6 años de felicidad que sacuden su vida, mañana Fernando, Fernandito diría ella, agregaría un dedo más a la respuesta que seguramente tendría que dar en honor a su inteligencia, cuando algún familiar hiciera la interrogación clásica de las fiestitas de cumpleaños.
La vida había sido dura con ella, madre soltera abrazada a la existencia que ella misma había engendrado, a veces se sentía egoísta, ya que su felicidad se debía a su propia creación, pero después reaccionaba y trataba de despegarse de la idea que Fernando le pertenecía, sabía que iba a llegar el momento en que debería dejarlo volar, y eso le aterraba un poco…

Aún sigue sonriendo cuando el mozo deja el café y las medialunas. De pronto su vista se desvía hacia la calle y los ve. Parados mirándola hay dos ojos azules y arrugados. Un anciano, seguramente abuelo, la saluda y se quita el sombrero en símbolo de su cortesía. Mirtha lo observa y siente una extraña sensación en su cuerpo, un escalofrío recorre sus huesos y se detiene en su pecho. El hombre lleva consigo un viejo y gastado bandoneón, viste un saco grueso y marrón, acompañado de un pañuelito atado a su delgado cuello y un sombrero, legítimo de un fiel tanguero.
Mirtha está inmóvil, siente que su mirada le da vida a sus años. Siente la extraña sensación de ver sus ojos hablar, contándole a gritos un presente tirano y hambriento, derramando por cada arruga el pasado marchito, sin rastros de fututo, solo de segundos sólidos y unos pocos momentos intactos. Su mirada derrama melancolía, hay tanta profundidad como de seguro sabiduría.
Comienza a tocar, solo para ella, la melodía es sensible desde adentro, a pesar de que las ventanas están cerradas. El viento de Agosto despeina los pocos cabellos que escapan de su sombrero, pero él no se detiene, toca y sus ojos disparan directo al frío que se hace físico en su desgastado cuerpo.
La gente que pasa por la calle sigue su rutina, no pueden darse el lujo de perder velocidad, el tiempo perdido no es admitido en sus ejecutivas rutinas. Solo unos pocos desaceleran su paso, pero no ven una historia interesante para contar en sus negociados y ponen marcha a sus relojes de vida.
Sólo es Mirtha y el anciano. La melodía endulza sus oídos y sin que su conciencia tome partido de lo que acontece, comienza a llorar. Se va, se pierde en el pasado de ese hombre, en el olor de su música y el tacto de su mirada, lo siente, se cree; lo sufre, se padece.

Y luego él termina el último acorde de su tango. Le regala su inicial sonrisa y dispone a marcharse, no sin antes quitar su sombrero y mostrar su respeto y agradecimientos a ella, a sus ojos, a sus oídos, a su espíritu que ha quedado cautivo en su humilde profesión.
Y desaparece.

Mirtha toma el tren a batería de su hijo, las tres bolsas de supermercado que colgaban del respaldar de la silla y seca las últimas lágrimas fanáticas. Paga y bebe el último sorbo de café. Emprende un nuevo viaje, renovada, distinta, con más vitalidad.
Cargando con el pasado de un cantor de vida, con las arrugas del esfuerzo y el dolor, bajo el sombrero de la magia.

Mañana celebrará los 6 años de felicidad que sacudirán la vida de su hijo, y la de ella también, aparte.

E.B.

Intentos surrealistas

(INTENTO 1)

el método surrealista no funciona muy bien conmigo, porque escribir sin pensar, no se si es el teclado, aunque pienso que con la lapicera pasaría los mismo, solo que uno aprieta otras letras, la lapicera simplemente no puede dibujarlas bien y garabatea.
Cuando alce la vista va a estar todo subrayado de rojo.
Lo que quiero pretender acá no es escribir sin pensar, solo sin releer…

escribir hasta cansarme y que dios me ayude a poder entender lo que puse acá desp.

es difícil, la tentación es grande de mirar la pantalla, pero no es prescindible, pero cuando uno se equivoca tiende a mirar para corregir, . vamos a hacerlo como en la vida real, sin poder volver atrás.

los espejos.. no puedo dejar de pensar en ellos… los hilos, los espejos y las sillas son mis elementos favoritos para cualquier historia, elementos imprescindibles. una pelota, una escalera, un perro y un gato. cualquier cosa.

no parar, no se puede parar en este juego (y en la vida tampoco) así que sigo, me pica un ojo y desp la oreja, mi cuerpo pelea contra mi, mas bien mi mente, sedienta, muerta de las ganas de releer esto que mis manos escriben, parar y pensarlo, degustarlo… esa sensación de DEVORAR, la imaginación resulto ser terrible arma. la revolución individual dijo alguien, anarquismo dice otro, rizoma digamos todos…
y todo da vueltas, todas las opciones para tirar al muñequito, para derribar todos los pájaros negros. el gato negro y el blanco, el tamiz, el cepillo y la LAVANDINA DE NUESTROS DIAS

TUS ZAPATOS MUJER YA SE AHUJEREARON, DICEN QUE LA ZAPATERIA DE LA ESQUINA ARREGLA DE LOS TUYOS, ESOS DE TALLA FACIL.
ES DIFICIL, ES COMO QUE SE CANSA LA MENTE DE NO PODER RECORDAR NI HILAR, Y YO ME ESFUERZO CADA VEZ MAS EN SEGUIR, EN NO PARAR Y EN EVITAR QUE MI MENTE ME SEDUZCA Y PARE, SOLO LO HACE PORQUE QUIERO …. PORQUE QUIERE GANARAME… LO ESTA HACIENDO, REALMENTE PERO NO IMPORTA AUN SIGO ESCRIBIENDO.

UN BANDONEON , UNA TROMPETA Y ESA FRASE SILBADA…


PARIS, SHETEM, UN TIRO AL BLANCO Y LISTO.

A VECES ES DIFICIL TRATAR DE LLENAR ESE BALDE CON ARENA, (ESTOY PENSANDO EN VOS AMIGA MIENTRAS ESCRIBO ES RARO, NO QUIERO PONER TU NOMBRE PORQUE ESTO LO LEERAS SEGURO Y ME GUSTAN LOS ANONIMATOS DE AHORA EN MAS… SHHH, TE SUSURRO UN RATITO AHORA VUELVO AL PAPEL) Y COMO SABER COMO VOLVER SI LOS GATOS QUE VEO TIENEN BOTA Y MI SOMBRERO SE CAE Y MI DEDO PIDE UN PUCHO Y EL PUCHO UNA MANO, ASI DE ARTIFICIAL SE VUELVEN LAS COSAS.

QUIERO BAILAR EN ESE ESCALON UNA MILONGA CON VOS, SIN RESBALAR NI CAER, POR ESE ESCALON, ESE QUE AHORA VES, ESE DEL CUAL YO ME CAÍ.

BERRETIN,.

BERRERTIN. NO VALE COPIAR CANCIONES NI FRASES QUE DEL EXTERIOR EVADEN PERO…. BERRETIN ES UNA PALABRA … LINDA, HERMOSA, ES BERRETIN

QUIERO PARAR. ¿PARO?

EN REALIDAD ES CONTRADICTORIO, QUIERO SEGUIR HASTA DESMAYARME… PERO POR LOGICA DEBO APAGAR LA MAQUINA E IRME A DORMIR A UNA CAMA…. EL PISO HUBIERA BASTADO.
UN PACTO NO ES NADA.

MAÑANA

AZULEJO AZUL
BRILLA Y TRASPASA

ESTE BERRETIN.



(INTENTO 2)

VAMOS DE NUEVO… EL HUMO EL HUMO PARECE FUNCIONAR DIALOGICAMENTE, COMO UNA CONVERSACION QUE SALE SOLO DESP DEL HUMO DULZON, TAN ESPECULATIVO SE VUELVE TODO. ESTO FUNCIONA MAS BIEN POR EL SONIDO DE CADA LETRA EN MI MENTE RESIGNADA A PENSAR (AUNQUE SIGUE ESTORBANDOME) MIENTRAS MAS RAPIDO ESCIRBO MAS FUINCIONA ESTO
PERO SOLO ESCRIBO RAPIDO CUANDO YA TENGO UNA FRASE O PARRAFO PRELIMINAR EN MI CANBEZA, LA IDEA QUE VOY SIGUIENDO

Tuve que ver, porque sino me ciego sola, tuve que ver…. porque el sol se ponía y era el ultimo atardecer, tuve que ver… porque sin lentes no encaja bien el hilo, tuve que ver, porque me tocaba ver, el monito de circo se callo y que hacemos ahora.

a veces es difícil patear la pelota, uno piensa que es juego de niños, y justamente por ser juego de niños ni la imaginación ni la inocencia nos acompañan cuando de grandes queremos patear esa pelota, realmente saber patearla Y HACER UN GOL.
CUALQUIER JUEGO ES SIGNIFICATIVO PARA HABLR DE LA VIDA DE UNO, O LA DE CUALQUIERA DA LO MISMO, LA CONTARIA YO.

CIUDADES ENTERAS, LLENAS DE LUCES Y VAGABUNDOS Y GATOS DE TRES PATAS. HAY BASUREROS ENTEROS DE HERMOSURA OXIDADA, HAY CABLES INALAMBRICOS DE PIÑAS DE ALCOHOL, HAY POSTALES DE PARIS COLGADAS EN CADA PALO DE LUZ QUE EL COLECTIVO HUSMEA EN SMOG.

QUÉ SE QUIERE SABER, A DÓNDE QUIERO LLEGAR, QUÉ REALMENTE ES LO QUE NECESITO ENCONTRAR PARA DESESPERAR DE UNA BUENA VEZ Y MORIR EN PAZ, SOLO POR HABER CREIDO ENCONTRAR LO DIGNO PARA LUEGO IRME Y DEJARLO YO, EN VEZ DE EL A MI, ¿ASI FUNCIONARA LA MUERTE??
ES CURIOSO, SI REALMENTE SE LOGRARA ESCIRBIR ASI TODOS LOS DIAS, SOLO VEO EL ORDEN DE CADA LETRA, ADENTRO MIO HAY UN SEÑOR DE BIGOTES SENTADO EN UN DIVAN, CON UNA LAMPARA AL LADO Y CON UN LIBRO, LEYENDOME CONTANDOME, RIENDOSE DE MI, CONMIGO, DA LO MISMO, YA SON DEMASIADAS LAS COSAS QUE VEO.

TUNELES DE COLORES, tizas de marrón intenso… letras que caen de escalones inmensos y forman y deforman cualquier cosa

es un relámpago de pensamientos, ni siquiera sensaciones, la fatalidad de encontrarse imaginando y que no haya ninguna normativa que haya vuelto delito eso, a quién se le ocurrió dejarle a la gente la imaginación intacta, sin ley ni moral… si total de nada sirvió, nadie le hace caso a la imaginación salvo para charla interior… como yo, ojo, como yo.


pasto verde, caballos galopando… un auto verde un policía marrón, marrón oscuro.

un cartón tirado y alguien que lo lame, comienza otra vez la locura, la guitarra desafinada de mis tacos aguja.

las agujas que me encanta torcer.

me canso y paro pero no paro… pero cansa… un poco es… de ,me…. uhhh, como quisiera volar en este preciso instante,.


bandoneón, che bandoneón

día gris
humedad

parece que siempre que salto de la hoja se me cansa la espalada…

cada vez mas erguidos

sobra tiempo dijo alguien y dijo mal.


E.B.

Manifiesto

El sortilegio a 30 años del golpe

“… esto es una derrota
hay que decirlo
vamos a no mentirnos nunca más
a no inventar triunfos de cartón
si quiero rescatarme
si quiero iluminar esta tristeza
si quiero no doblarme de rencor
ni pudrirme de resentimiento
tengo que excavar hondo
hasta mis huesos
tengo que excavar hondo en el pasado
y hallar por fin la verdad maltrecha…

con tan buen aguacero
la férrea dictadura
acabará oxidándose…”

Mario Benedetti “Otra noción de patria”.


Hablo de la complacencia de palabra, de cuerpo, de mente.
Hablo de esos ojos que miraron y sangraron, que escaparon y se perdieron en un exilio equivocado, donde los que debían recordarlos apagaron las últimas velas y escupieron la culpa a sus espaldas.
Los que buscaron desarmarse, tal vez caminar con las manos, tal vez sentir con los pelos, solo salirse de ahí…
Me entrometo con la señora PALABRA y la desvalijo de etiquetas, la manoseo, no me dejo ser producto ni sortilegio de ocasión, no me lleno de conceptos abstractos y marcho en calles gastadas de pasos concretos, fieles, palpables por cualquier caricia.
Hablo de admirar la creación de la mente, no la liturgia de la llamada memoria, el poder de una línea, no de la imagen.
La bomba atómica de nuestros tiempos es esa maldita mirada superior, el pie aplastante del gigante, la palabra miserable del que cuelga su bandera-cuerpo para representarse a él mismo.
Hablo del accionar, del correrse, de acabar con los paradigmas y hundirse en los enigmas.
Dejar de etiquetar marchas y pedidos, hablo de la verdadera unión, se gesta un discurso solo para no malinterpretar.
Hablo de REVOLUCIÓN, pero no tiemblen, el pasado nos construye pero no nos sostiene. Creemos conceptos nuevos, destruyamos la burocracia del sentimiento, barramos con el oportunismo, arrojemos la cotidianeidad de mirar siempre desde la misma esquina, olvidémonos que la masa como producto de un sistema para vender no va a llegar a lo absoluto, porque no existe.
Hablo de realmente despertar, no como lo hicieron los medios, cómo se llenaron de palabras políticos y periodistas que se sacaron un peso de encima inventando una memoria oxidada en olvidos y retazos de conciencia.
Hablo de entender que el cambio lo va a hacer cada individuo desde su propia subjetividad y de que no sirve marchar 30 cuadras por una memoria y un perdón escondido en pancartas de un arte ilusionista, en donde nadie ve la cara del otro, sino una representación absurda de una unidad basada en política gastada.
Hablo de que la gente sea más importante que las paredes constitucionales, más que la confortabilidad. Que lo material sea solo instrumento y no que seamos instrumentos de lo que creamos.
Hablo de la no complacencia y de ser humanos.
E.B.

Escritos colectivos (Cadáveres exquisitos)

(Pau, Keka, Eli)

¿Cuál es la forma?
Ojalá no vuelvas a pronunciar ese capitulo. Ojalá el azul no cante nunca más una canción verde... inmadura.
Caminaba pensando algo que me gustaba tanto...
Y la transparencia...
Si quiero te puedo leer... pero tengo miedo, como siempre, como nunca.
Toda melodía si dura demasiado, se vuelve burda
absurda.
Estoy tan dolida por dentro como feliz por fuera.
Arde piel como hielo
¿quema el hielo? no mais, no mais. Ay basta esta razón de construir dolor en palabra.



POLILLAS (Virginia, Eli)


-Mientras me moría acá sentada miré para arriba y vi una polilla. Qué bicho raro ese... ¿Qué los compone?-

-Mmm... no sé, las mariposas también lo tienen... ¿Qué será? ¿Algo que las protege?-

-No sé, pero pareciera que sólo son eso. Que están hechas de polvo. Todas livianitas y volando ahí... Ni cerebro tienen ¡Qué afortunadas! Puede ser un polvo mágico tal vez...-

-¡Sí! Un polvo mágico que van dejando en el aire, del cual no somos concientes pero penetra en nosotros.
¿Qué nos hace?-

-Nos da esos escalofríos por el cuerpo que a veces suceden y la gente ingenua o refutadotes de leyenda creen que son ángeles que nos pasan por atrás. ¡Mentira! Es el polvo...-

-¡Tenes razón! Se deben a ellas, en cada uno nos quitan una partecita de nosotros mismos que ya hemos olvidado.-

-¡Sí! Por eso en primavera hay más olvido y viene otra leyenda, de que la gente se enamora más. Es porque hay más mariposas.
Las polillas trabajan todo el año porque siempre uno debe renovarse...-

-Es verdad... y para conocernos, para saber que llevar de nuestros olvidos, toman trocitos de nuestras ropas donde duermen aromas de pasados.-


(-Tené cuidado con la ropa que guardas en el ropero desde hoy. Hay polillas con misiones precisas. Y estamos en primavera niña...
Voy a cerrar mis ojos por hoy-).

(-Q descanses...
Vos deja afuera la ropa que tenga el aroma del recuerdo que desearías olvidar...-).



(Jo y Eli)

Doy inicio, el cierre te lo dejo a vos
doy señal, hay peligro.
Hay que tener cuidado con tanta perversidad,
y decí si me equivoco, o si te interpreto mal,
decime si sos otro.
Porque sos otro ¿o sos vos?
decime que sos otro!
Todo, siempre, y suprimirse
en un tiempo tan largo
y verse descalzo, y siempre fiel,
existe tal blasfemia,
no hay propiedad tuya en mí,
soy fiel a mi máscara…
date vuelta, sacála y decime
si no tengo razón
obligame a pensar que soy yo, punto, vos.
Ni casualidad ni destino ni llanto ni nube
es solo un viento que envolvió,ahora creemos otro momento.


(Jo, Eli)

-No es lo que yo sé…-

-Explota, siento que el aluvión que mencionas comenzó, comienza, comenzará.
Da lo mismo-

-Lo veo, para vos, para mí, da lo mismo, es como igual-

-No me hables más de equilibrio, no creas que la moral es la serenidad. No me digas que vos también crees en la estabilidad…-

-Estar estable, paciente, alterado, asqueado.-

-Esta bien, es exhausto tu andar. Yo también estoy asqueada. De tanto pensar en lógica y superficie.
Dura.

-bajar el cierre, suspender la mente, atreverse.-

-Siempre me das el papel en blanco. No quiero más rellenar. Es necesario vaciar.
Vaciarte
Vaciarme.



(Keka – Marcos – Jos – Eli)

Yo lo tomo, lo tengo, aprendo, lo paso.
Paso a tu lado, te tomo de la mano sin que te des cuenta, sin que pienses.
Ah, ¿ahora me miras? ¿ahora me podes mirar?
Observar el entorno y comprender lo que sucede. Actuar o no actuar, saber no hacerlo, por planear la vuelta.
Me miro, me estoy mirando, e invito a otros ojos a ver desde aquí. El paisaje es raro, pero llena, abarca de otra forma, alimenta…
Alimentame.
Basta me cansé, no juego más. Afrontar la situación para poder superarla y pasar a lo que sigue.
con boca, con lengua, en una eterna espera.



(Keka, Eli)

Me tiemblan las manos, no encuentro posición que no signifique un desmayo.
Las manos sudan… vení acariciame, o acaso no te das cuenta que vos sos la que me haces preguntar?
No podes parar no? Interrogatorio tras interrogatorio… Sos terrible. ¿Quién puede ser la persona que conspire para que esto siga ocurriendo?... Pendemos de un hilo, somos blandos muñequitos chillones. Agudo, rompe cristales, rompe todo. Sin embargo no deja de ser canto, una especie de ritual…
Shh… Ahí viene… viene… Y tengo miedo y ganas… ojala tuvieras ganas de escribir verdades en vez de callarlas.
Los chirridos siguen al fondo. ¿Golpean la puerta?

Y al final siempre me venís con los mismo che...



(Juli, Eli)

Hoy cometería la locura…
Hoy lo haría.
Sin embargo… vaya cielo, vaya desierto este de los pájaros, barrilete del viento… ¿A dónde irás volando? ¿A dónde?
Si fuera solamente ir, dejarse ir. ¿Dónde estás realmente?
Mi dedo pulgar empuja a tocar tu espalda. Y te veo ahí, no estás, ya se que no… nos comeremos fríos… ¿Nos volveremos a probar?
Aceitunas negras, puntos de almidón, riqueza de la casa.
¿Dónde estás verdaderamente?
Naranja, polvo mágico, escaleras.
Dedos que se tocaron justo en la punta, en “la punta” tiembla, hay un espejo que nos mira, que te mira y ¿nos ves? ¿Has visto verdaderamente alguna vez?



(Keka, Eli)

Y bueno, hay tres bombillas. A una no la veo. Sin embargo late en todos los rincones, en cada estirón de bandoneón…
Y bueno… el bandoneón… ese terciopelo… ese pelo… ese tercio… y así vamos…
Si fuera cuestión de seguir la flecha, pero la línea siempre miente. Y siempre aparecen tus palabras que reviven cualquier cosa
… y las coincidencias, las ganas… de nada, de todo…
Espiral y los cuchillos.
En vos, sin nada
Y sin embargo…
Las luces están en cualquier lado.


(Juli, Keka, Eli)

En un segundo el viento de la costa puede tambalear. La torre de maderas puede caer, debe caer.
Y te llevo en mi bicicleta teñida de verde y ceniza. Del pelo que se cae… del vuelo que se cae… del velo que se cae; ahorita que estoy pudiendo mirarte en los ojos.
Quedé sin cosas por saber… por no querer aprender más.
Colores nuevos que no se saben cómo nombrar y que no sean algo ya sabido.
Acuarelas de surrealismos.
Ahora quería mirar, espiar… saber cómo seguía…
BACHE
El espacio se hace inmensidad.
Siempre igual, los que no pueden más se van.
Tus alas que lloran… puto tu espejo que todavía me mira.
Los espejos sirven a la luna. Le recuerdan quién es, lo bello de sus reflejos… destinos…
Aureola naranja. La locura se alaba en tu danza.
Manchas sólo eso. Tanto de eso…
Se rompe y se pincha pero se agranda a cada instante.
Termínenlo ustedes.
Termínalo vos.