Oh las veces que París/ o cualquier
ciudad del
mundo/ fue tu
cuello./
¿Qué querés que haga?/ está en mi naturaleza/ de
vampiro/ vos
nunca
dejes de
morderme.


E. Rodrígez


PARA LEER EN FORMA INTERROGATIVA

Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...

Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...

Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...

Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,

había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.


Julio Cortázar

lunes, 30 de marzo de 2015

PONER EL CUERPO


“Poner el cuerpo”. Hoy me animé a pasar la barrera de lo pre juzgado, de lo anticipado, de tener la certeza de estar teniendo el control del significado de esa frase.
Poner el cuerpo. Hoy me animé a transitarlo antes de ya establecer lo que iba a sucederme. Divisar el camino a donde uno quiere llegar no existe, eso es fantasear.
Hoy vencí uno de mis miedos, y en realidad a todos.
(El miedo es uno solo en sensación y presencia)

Poner el cuerpo en el teatro nunca había sido exponer lo político y sensible de mi yo. Poner el cuerpo en teatro hoy fue liberar, soltar la identidad interior, jugar; sin controlar que quien juega es uno atravesado por su propio motor.
Hoy sentí placer de ser otra, gozar del personaje conmigo misma. Habitarme desde otras posiciones.

Hacía tiempo que no escribía sin mirar, sin parar, sin deglutir lo que estaba sucediendo en la página. Sin adornar ni controlar la métrica, dejar fluir el danzar de este baile hermoso que es escribir.
Hacía tiempo no dejaba al instinto ser, libre de mediaciones, sin querer hallarlo bello.

Hoy me di cuenta que la angustia vive en la fantasía y que la tristeza es la real. La angustia no puede detallarse, narrarse; la angustia se potencia en la imaginación, es gigante, imparable, inconsolable.
La tristeza es más calma, más concreta; sabemos qué es y qué no es, sabemos que estamos aquí y no allá. Conciencia de la sensación, eso a lo que no pudimos llegar.

La fantasía se convierte en una luna seductora, en un desierto gigante, en un mar atrapante; tiene colores hermosos, olores atrayentes, deseos insistentes, infinitos…
¡Como si de repente yo creyera en la eternidad!, en lo perpetuo, el momento fijo que sobrevive toda muerte, la misma mano que me acompañará hasta el final.

Por eso la palabra a veces me alivia y otras me destruye.
Cuando te nombro, cuando nos nombro, se rompe la fantasía. Y ese no sé tan grande que se nos dibuja en la cara, en la proyección y los deseos que tenemos una para la otra, ese no sé no es real. Fantaseo con no saber qué es lo que me pasa con vos. Pero lo sé muy bien.
Por eso lo real es más simple, más material. Por eso ahora la tristeza me sabe a paz, a miel, a encuentro.
Y a mi angustia de ayer la destapo,
la desvisto,
la desnudo… la vuelvo final.

E.B.