Oh las veces que París/ o cualquier
ciudad del
mundo/ fue tu
cuello./
¿Qué querés que haga?/ está en mi naturaleza/ de
vampiro/ vos
nunca
dejes de
morderme.


E. Rodrígez


PARA LEER EN FORMA INTERROGATIVA

Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...

Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...

Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...

Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,

había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.


Julio Cortázar

viernes, 30 de octubre de 2009

FORMA DE PEZ



El no tener ganas.
Ganas de nada.
Este estar intacto en la escena y sin embargo no ser ornamento. Este no caminar.
Una levedad se apodera de mí, se me nubla la mente. Cada un minuto y medio me estiro, mis pies, mis brazos… y no logro acariciar nada.
El viento remueve el aire de esta habitación. Miro hacia la única ventana del lugar y no encuentro más que pájaros en silencio y piedra. Piedra por doquier, arriba, abajo; me tapan, continuamente están tapando espacios.
Es inútil querer apartarme de las letras. Puedo permanecer instantes de ideas sentada frente al papel. Puedo pasar horas jugando con un papelito que tropecé en la cocina. Puedo intentar pasar todo el día sin abrigo. Puedo intentar muchas cosas pero no logro encontrar la llave para salir a la calle.
No recuerdo dónde la dejé esa última vez. No sé si te habré hecho caso y cambié al fin la cerradura o simplemente me la volviste a esconder. Esta vez no está debajo de la cama, ni en el tintero, ni en el forro de la almohada, tampoco en el vapor del baño.

Recuerdo que el llavero era lindo, tenía forma de pez.


E.B.

LA LUZ DEL ARBOL

Se ve una luz… sí, pero no al frente, no en la lejanía. Yo veo una luz al lado mío, que alumbra cada paso que doy. No sé a dónde, pero camino, al menos empecé a caminar.
Los silencios son duros, el peso con el que cargo me molesta, me molesta mucho. Sin embargo la luz no se apaga, alguien la sostiene y eso es maravilloso, porque yo no puedo sostenerla por mucho tiempo: -me da miedo la luz-, debo admitirlo.

Mis manos se arrugan cada media hora, ¿será el tiempo eso?


Escribir; escribir; romper con todo; barrer, seguir y seguir hasta que ya no estés, hasta que te suelte gran fantasma, pequeño, insignificante-unificador fantasma.
Correr, correr, sobrepasar la velocidad de un cuerpo sobre otro, que solo quede uno, que solo quede yo y mi luz. Estoy empezando a pensar que sea un árbol quien sostenga esta claridad, estoy sospechando que no me este moviendo, o tal vez sí, pero alrededor del árbol, ese árbol, hoja fantasma, raíz fantasma, tronco de mi ser.

Me siento atravesada.

Mis manos sudan cada una hora. ¿Qué está pasando? Eso no es el tiempo, tampoco el viento, tampoco yo, tampoco yo.

E.B.

FINAL

Más apretabas las piernas, desde abajo. Arrodillada te acercaste, tomaste con tus brazos…

¿Puede haber suelos tan lisos, tan reveladores de horizontes que no tenga miedo de pisar? ¿De tirarme de panza, o aún más peligroso, de espaldas? Y caer en tu almohada en un septiembre que no concuerda con esa ventana cerrada.

Más apretabas… y era peor sentir como íbamos desencajando las caras, transformando las salivas, afilando los dientes como puños. Cerrando la abertura que habíamos escarbado desde el principio de la noche, de repente fuimos a buscar baldes y empezamos a echar tierra al hueco; tierra en los ojos, en la boca, cellar todo. Tragar la tierra y entender que era feo, que es feo comer tierra cuando había tantas ganas de dormir juntas.
Es como un dibujo hermoso donde fuimos tirando líneas y de repente lo tachonamos arriba –porque no existe goma en la vida real-.

Y ahora una melodía dulce que te trae directo aquí, a la bombilla del mate, al lápiz que se está quedando sin punta, a mis dedos que cargan con huellas que ya no soportan tanta identidad junta.




E.B.

ESCUPITAJO

Volver a saborear las plásticas palabras. Sentir esas ganas en los dedos, en las puntas, en las huellas digitales de este cuerpo.
Es dulce el recorrerse de arriba a abajo, es como saborear una uva desde un ángulo imperfecto. Arrinconar las circunstancias tanto que de tan coherentes devengan en plumas que vuelan y se mezclan, y ya no importan los momentos que unen un hecho. Sino que hay una uva, y una boca. Y ganas.

El colectivo trae tantas burlas consigo, traslada tantas gargantas heridas y cuellos escondidos. Un viaje de 40 minutos o más conlleva a una experiencia única, de detalles rabiosos y silencios que aturdirían a una iglesia cualquiera.

Con ciertas personas me desdibujo, me mezclo, prefiero no hacerme cargo de mi posición relativa en ese momento, prefiero respetarlos tanto que silencio toda abertura, cello cualquier puerta y bajo la mirada. ¿Qué espejo podrían ser ustedes en mí? tal vez de los peores, o simplemente de los que aún no puedo atreverme a mostrar.

Tengo muchas ganas de que venga el verano, cómo lo extraño, como quiero que mi piel renazca con ese sol. Le tengo mucho miedo también, ambas sabemos porqué…
Necesito decir ciertas cosas en voz alta a veces, hablarme un rato, combatirme y matar fantasmas, que por ser tales siempre vuelven…

He escupido párrafos, pulcros, un poco celosos, pero sencillos de adjunto, voraces en mi mente, engañosos como quién no quiere la cosa…

Un Pacto.



E.B.

martes, 27 de octubre de 2009

DELIRIUM TREMENS 2

Qué mareo de sensaciones que formas, me envolvés con una brisa quebrada.


-Podes.        Pasa…

Para.             Para ahí,             un poquito nomás …
Retrocede…            ahí.               Ahí está bien.-


Las mediciones son primordiales.



Esenciales; tanto como mirarte unos segundos fijo cada vez que te veo. Se me vuelve impronta, un desafío, no sé; pero es imprescindible soportar… cargar… volverla caricia, a tu cara, a tus labios, a tu sonrisa que parece pura, de verdad lo parece…
Y después, unos milímetros más arriba, tus ojos. Hay algún tipo de enigma ahí. No son puros… hay vida. Y la vida es impura. (Atrapa).

No tenes palabra de etiqueta, ni sinónimo, ni menos adjetivo; no entras en el ABC de todo… hay un miedo que sí tiene palabra: cada vez que te veo es como empezar casi de nuevo, solo que con la potencia del tiempo que sigue pasando y vos… Y vos seguís estando, tan presente como desde que explotó este pequeñísimo cosmos, en forma conjunta digo. Ambas cargamos con este hallazgo desde un poco más hacia atrás, en nuestros pasados con otros, de otros… porque al elegir no ser concientes de que corríamos para el mismo lado, no lo escribimos ni firmamos con nuestros apellidos. Ni siquiera alivia eso… ya no me duele nada. Quiero disfrutarlo. La otra parte, la más oscura, no me corresponde.

-en este suelo que pisamos, hay muchos condimentos, sos exquisita-.


Agarrá el despertador que está sonando muy fuerte… no nos vamos a escuchar sino… podemos despertarnos solas aunque estemos durmiendo en la misma cama; y sobre todo, podemos despertarnos juntas, al mismo tiempo, aunque no durmamos en la misma cama. Te puede pasar… sí. A mi también.

Los dados caen. Azar de dedos que se tocaron, en la punta. Justo ahí.

Me besaste el cuello.
Te besé los párpados… uno por uno.
Si te permití. Si me permitiste.

Te acaricié los brazos.
Me besaste los dedos… uno a uno.
Esas cosas no son llaves que encuentra cualquiera.

Fue exquisito.


E.B.

sábado, 24 de octubre de 2009

cuidados intensivos sin sala de espera


Me cuido, me cuido de todo. De los domingos, de no comerme las uñas, de no temerte en las esquinas (en esa esquina), de los lápices con punta.

Me cuido de que siempre la mesa nos separe, me cuido de tus pies felinos (ni hablar de tus ojos).

Me cuido de las arañas, las cucarachas, de los noticieros, de los labios con punta.

Me cuido de encontrarte aunque jamás de buscarte. Cuido a tu planta, le cuento las ramitas, le hablo de mí y de cómo extraña el ser humano a otro similar humano.

Me empecé a cuidar de los bares después de las cuatro de la mañana y de los excesos baratos.

Me cuido de lavarme los dientes, de sacudir la ropa antes de ponérmela.

Me cuido de llorar, aunque ahora mismo icé bandera blanca, también me cuido del no-llorar. El equilibrio siempre te termina lamiendo los pies.

Me cuidé de vos, me cuidé tanto de vos; hasta que se me ocurrió agarrarte cariño.

Me cuido del fantasma, poco-pero-trato-de-intentarlo. (creo-que-es-porque-ya-no-me-importa-más.)


Entre tanto cuidado creo que ya me asqueé-.



E.B.


lunes, 19 de octubre de 2009

ENGAÑO MATUTINO

Las agujas caen al revés y pinchan a las que caen después.

Así haya sido el tiempo, así los culpables hayan sido los relojes que sonaban cuando despertábamos por las mañanas, y debíamos vestirnos (acto maldito ese) y no podíamos llegar tarde, juntar todos los besos en uno y partir con la cara a medio lavar y tu cuerpo todavía calentando un lado del mío.

Así haya sido que verdaderamente la libertad que anhelábamos y pensábamos estar construyendo quedó de espejo, separándonos. Tuve que romper el límite... tuve que hacerlo. Tú comenzaste con las palabras, yo me encargué de regalarte libros que hablaran de cronopios.

Así sea todo de una buena vez, hoy el día me empuja. Todos me empujan... y yo no se donde quiero, o en su excepción debo, ir.

Así y todo no haya sido nada... dime dónde guardo la forma de un solo cuerpo que era mi cama, cómo despego mis ojos a la mañana sin engañarme, sin disfrazarme, sin vestirme con tu ropa y aparentar que son sólo mías estas ganas de desayunarme.


E.B.

ECOSISTEMAS























Empiezo escribiendo porque aún no encontré escapes en la imaginación. Tal vez este espacio antes estaba teñido de poesía, musas que sólo vivieron en estos papeles. Hermosas y odiadas palabras.
Las tijeras siempre recortaron tu nombre, tus iniciales. Ya no sé nombrarte.
Este día de pies tibios y tiempo salvado.
El tiempo que me pega, me envuelve, te devuelve… aún no te lleva. Eres viento, eres de esos pájaros con libre derecho a ser pájaro. Claro que volarás… claro que deberás volar…
Y yo pez. Pez que no tiene mundo, que sale a la orilla para poder respirar y te mira volar. Y tú a veces bajas del cielo y bebes de mi contorno, de mis límites. Bajas y te quedas, subo y te respiro.
Ecosistemas… mi opuesto, mi parte de afuera.Seguiré tus huellas, pisaré con la forma de tu pie y luego sin que te enteres volveré hacia atrás, sin dibujar nada demás, volveré al agua, me iré de ti, volveré a mi ambiente final.


E.B.

SORDIDEZ Y TERNURA

No se si se podría tratar de sordidez. De continuidades heredadas y el deseo de destrozarlas. No se cómo tratar estos temas que sobreviven al tiempo, y no sólo que perduran sobre su espalda (y la mía naturalmente); sino que también exigen palabras, sentidos de agujas de reloj (lógicamente), actividades sustentadas por materialidades para llenar este mundo.
Y te tomo desde la espalda, a vos que también tenes altas disidencias con el tiempo. Te abrazo los pies porque también necesitas creer en la libertad.
Lo que me huele mal aquí es que la sinceridad -escalón fiel que pusimos en el camino-, coarta a la libertad. ¿No te parece que todo intento de ser libres son los ahogos que sufrimos al nacer? ¿Las lágrimas que en ti se transvierten y por mí salen suicidas cuando hablamos esas noches metafísicas?
No duele el existencialismo, no duelen las palabras abstractas que parecen nunca poder ser análogas a la realidad; duele el presentimiento, el instinto, la baba por caer. Después viene el después; próximo está la caja, la jaula, la escalera si uno no se olvida e insiste en la necesidad del aire. En seguida, pero nunca en el mismo momento, viene la categoría. Tu enemiga. Mi mejor amiga.
La palabra me ha tomado y de ella no podré escapar.
El problema es que elegimos la escalera y es eso. No hay más. Es ese subir escalones hasta. Es como si lo dibujáramos. No hay un piso y un adónde llegar concretos. Sí simbólicos, sí imaginario, sí a todo, menos que sea tangible. Entonces es ahí donde me detengo… no quiero seguir trepando.
Y sin embargo a eso le llaman vivir.
Y sin embargo a vos te puedo tocar. Puedo agarrarte contra mí cada vez que te veo. Y aunque después hablemos; no quiero perderte el gesto, no quiero descuidarte por que tal vez una escalera entre dos de alguna manera, al menos dibujando, pueda convertirse en un puente.



E.B.

domingo, 18 de octubre de 2009

circunstancial

“Parece que nuestro juego es el silencio,
jugamos a dejarnos sin palabras”

A veces es duro saberla tan cerca.
Tan materialmente construida como espejo. Tan bilateralmente unidas por un vértice que sólo es respetando su composición en dos líneas que jamás se juntaran, que se abrirán para llegar a otros puntos de la habitación, de la imaginación.

Se escucha el goteo de una sensación en el pecho. El ruido que hace el chasquido de la gota en el tórax. Se siente como si alguien abriera una canilla.

Me siento serenamente expandida, mal distribuida, emparentada con tus formas de pensar y volverte loca por tus ideas y las mías, esas que iban saltando bailarinas entre las sabanas y los desayunos. Las grandes alusiones a lo imaginario, lo simbólico, lo duramente real…

Necesito amigarme con las circunstancias, con lo increíble e inimaginable hasta que simplemente se muestra posible, redundante, aburrido.



E.B.

jueves, 15 de octubre de 2009



No nos congelemos ¿si?






Tus manos también tienen algo, siempre sufrí una especie de obsesión por encontrar personas de manos grandes.




Algo hay en ellas, (nada haces),


pero nada dices, (algo tienes)...
E.B.

BARQUITO DE PAPEL




Que poco sentido se le ve a esto.
El hecho de poder escribirlo a priori, reírme, hacer una pausa, consumir un cigarro y volver a sentarme. Cantar, hasta ya no poder resistir y llorar, y después parar otra vez.
Sentarme y escribir que “no tiene sentido” es un absurdo total.
Estoy cansada.
¿Lo habremos gastado?
La verdad que tiemblo porque me encanta mentirme, pero ¡sí! que se diluya todo esto, matémosnos de una buena vez.
Lo vivimos por otro lado, muy mental y queriendo ser irracionales, justificando nuestras acciones inmorales en impulsos puros, sintiéndonos mejor sólo en el momento… Después cada cual habrá teñido su almohada de puertas para escapar, cambiar la historia, mover algunas partes, algunos años, acomodarnos mejor porque no encajamos. No podemos y nos duele, y lo tomamos ahora como un juego, un rompecabezas. Queremos pero no podemos.
Días para cuadrar un encuentro dentro de una zona estudiada y analizada. ¡Para qué!, si apenas llegamos nada se cumple, por eso esto de vernos tan poco y con tanto esfuerzo y ya muertas de las ganas. Todo sale en impulsos así, es natural que no sepamos qué hacer, si abrazarnos primero y cambiar de ropa un rato, de culpas y cansancios, intercambiarnos los hábitos y desconocernos. O tal vez primero hablar. Hablar. No nos vayamos a querer olvidar de hablar porque sería terrible. Hablarnos mientras nos miramos tanto que mis palabras terminan recordando un viejo balde de la infancia, y nos damos cuenta que coincidió con el color de tu taza de jardín, y ahí sí se conectan las palabras con el cuerpo, con nuestras miradas que brillan, y no quieren ahora ya nunca entender porqué brillan así, o porqué tu mano se acerca sin que lo quieras permitir y me toma y yo no puedo ya no temblar, y admitir que por más que lo planeemos no se puede si esto sigue así.
La ciudad no nos alcanza para escondernos pero nuestras almas decidieron encontrarse igual, vaya a saber si a luz natural o de velas. Perdón pero no puedo irme.
Y me voy.
Porque esto es así, no tiene sentido si me voy o si me quedo.
No tiene sentido.
Por eso me quedo, desde esta orilla. Tal vez te espíe, debo admitirlo, tal vez te vuelva totalmente irreal y termine dibujándote en la pared con una tacita de otro color, para que no seas vos nunca más. Para ver si así puedo seguir desde esta orilla.


E.B.

lunes, 12 de octubre de 2009

Dejaré de contarte los dedos.
Dejaré caer las pelusas sobre las sombras que dejaste.
Barreré mi piso de tus huellas, trataré de olvidar la forma de tus pies.
Erizaré mi piel cada vez que intente buscarte, alertaré a mis sentidos y me negaré. Me negaré para no llamarte.


E.B.

domingo, 11 de octubre de 2009

CABALLITO



Un caballito galopa una línea, la salta, luego dobla y llega a la esquina, llega y no sabe que pasa MIENTRAS necesita pensar: un olvido, un hilo de sudor, que tenga un hijo y no sea violador de mi ley, de la tuya, esa mortal tan temida, ¿de qué me hablan cuando hablan?

Qué pasa que me miras así, por qué me tenés que mirar así caballito, si después galopas hacia la línea, y yo no se hacer líneas… solo redondeles, me gustan los redondeles, esos que no tienen fin

caballito

caballito recto

Las venas me duelen, los barcos llegan al puerto y a mi me divierte esconderme entre estas letras, casi me río, casi que admito que me gustas caballito.

Pero a vos te gustan los caramelos

Y a mi no me gusta la comida, prefiero los platos vacíos, porque son redondos…

Estoy haciendo de mí una trampa dialéctica.

Algo chiquito entra y sale. Entra y sale. Algo chiquito. Y ya sé que es eso…

Un hierro olvidado y una vidriera rota, sin escaparate.

martes, 6 de octubre de 2009

QUE NO ESTARÍAS AHÍ

Hoy traté de decirte…
Traté de confiar un encuentro que nunca sucediera.
Y leí tus palabras rotas, pude ver atrás de ellas.
Es la ley que nos atraviesa. No nos sirve buscarnos y sin embargo yo insisto en romper los encuentros casuales.
Me desenterrás en un segundo. Me sacas de raíz y donde sea que me trasplantes yo me adapto
Sin luz, sin agua… pero si tus manos me cuidan…
Hoy quise decirte que todo había acabado, que ya era tarde. Sin embargo agarraste el reloj y lo retrocediste sin ningún tipo de pudor. Siempre hueles mis despedidas y les das un perfume de algo nuevo que nunca llega pero tampoco se va. Hoy quise dejarte. Sí que lo quise, pero a ti se te ocurrió lluvia de peces, manos de colores. Dijiste hoy nada importa y yo callé. Sigo quedándome donde no hay más lugar. Seguimos compartiendo peces de peceras. Soledades de pájaros encerrados, circunstancias de sentimientos ajenos.

Pensé que serías más fácil. Que no estarías ahí, con tus ojitos claros.
Que no estarías ahí.


E.B.

Y que más podrían ser estas ganas...

Y qué más podrán ser estas ganas de hablarte, de llamarte en gritos susurrantes. Estas ganas de contarte dónde estoy, donde aún permanezco, ahí de donde nunca sabré irme.
Te escribo porque no puedo no recaer. No puedo no buscar ser dos, conmigo misma no logro mucho.
Te quería contar este nuevo vuelo, no incluirte en él, sólo hacerlo paralelo a tus aires, como siempre amanecieron nuestros cielos.

No sé. Estas en esta ciudad fumando el mismo pucho. Yo en horizontal, tú de cuclillas.
No sé, no puedo no saber como estas. Yo reconstruyendo y tú partiendo.


E.B.

UN RELOJ DESARMADO

Tal vez los tiempos de aquí adentro sean incomprensibles para mí.
Supongo que debo irme…
Los años me ponen cada vez más realista.
O tal vez mis pies se comuniquen cada vez más con la tierra.
Si no debo anclarme espero que me sigas mar… que me limpies y me rodees sólo un tiempo más.
Iré en busca de montañas que encierren sólo lo preciso, lo otro lo liberaré a tu fuerza o lo enterraré en la arena.
Estuve esperando por un tiempo que no existe. Que no funciona como todo desencaja aquí.
Un reloj desarmado. Nunca supe cómo armarlos.
Hay tiempos diferentes. Ahora lo entendí.

E.B.

jueves, 1 de octubre de 2009

PERCEPCIÓN

Siempre desde la altura se identifica mejor a la presa…

Sentada desde la rama de este árbol lo primero que se interpone a mi vista (en diagonal y derecho -la vista primera digamos-) es un mediano cartel blanco, rectangular, la información que dispone se encuentra en cuatro palabras, la primera en grande y con la típica sombra de las letras de publicidad, resaltada: Ferretería. Abajo, en letra negra, mayúscula y bien legible: COPIAS DE LLAVE.
Los carteles siguen a cada paso que mis ojos hacen, lo llamaré contaminación visual como para darle un nombre científico y sobre todo, alienado a nosotros. Mientras tanto figuras se mueven debajo de mí, al costado o de reojo, las fotografío mentalmente o simplemente las dejo pasar, las invito a un olvido sin registros, total, como pocas veces aceptamos una despedida tan lúcida y saludable. Después de todo nada existe sin mi percepción, es un poder que debo admitir, me excita, aunque seamos tan inconscientes de él.
Elevo mi vista hacia arriba, el cielo nace y muere dentro de mi rango de visualización, pero no es azul, esta vestido y abrigado por nubes con presencia de ópera, listas para dar comienzo a la danza de la lluvia. Por ahora el teatro aún no abre telones y centro mi vista en la masa nebulosa que sigue moviéndose abajo y alrededor, la denominaré realidad concreta, existe y no por mi poder deja de hacerlo, dentro de este aire imperceptible vive, respira, muere…
Caras, caras y mas caras… Cada uno en su mundo propio, como llevando un arma cargada en sus manos y disparando a lo que quieren dar vida –o muerte que es lo mismo- en su realidad y tiempo subjetivo.
PODER Y MAS PODER caminando sin siquiera pestañar frente a tan tremenda fatalidad… siguen disparando, siguen progresando… Y pasan cuadernos, uniformes, guardapolvos, cascos, maletas de cuero y de plástico, enamorados o en soledad, apurados por llegar o resignados por no encontrar, yendo a trabajar o a robar para el pan…
Rompiendo este cuadro de perfecta infidelidad humana, un auto blanco pasa con luces que titilan desde su extremo superior delantero, en un segundo anuncia la carrera secreta e inhabitada de la vida a la muerte.
Y todo sigue pasando tan inexorablemente que prefiero cerrar mis ojos, y alucinar con el mundo del revés.

Siempre desde lo alto se puede ver lo simple y banal que puede llegar a ser todo, o lo sensible y gastado que puede volverse el mundo.

(Siempre desde la altura se identifica la presa)


De repente, en mi interior y desde el exterior veo a un niño, que ahora detiene su paso y me come con su mirada.

Y me están observando otros ojos, a la distancia extrema….

Y soy su presa…


E.B.

LA SILLA EN LA CASA

Aún así sabés…
Aún sabiendo que siempre hubo una pata de la silla que gustaba tambalear… Quería ese choque, ansiaba que tu vestido se volara por la caída.
Aún, cuando por formalidad, las reglas fueron dictadas antes de la mirada. Siempre hubo sinceridad de cuerpos, las palabras lo estropearon todo, de nada sirvió que interpretes mi discurso o que yo agregue puntos suspensivos. Pero igual, la practicidad ayudó a discernir responsabilidades.
Cuando busco, pretendo la salvación, y no lo fuiste. Pero si hay algo que me desespera y fascina es no poder situarte. Y no es tortuoso, diría que se vuelve ocioso.
Y cuando no te busco… la silla sigue siempre en el rincón de la casa. Y son esos días, en que uno vuelve cansado de caminar y patear botellas, en que me siento un rato a conversarte. No estás siempre, la casa es grande y hay otros muebles. Todos crujen, todos me miran, pero tu silla me espera de espaldas y no hay mucho de cortesía en sólo esperar a deshacerme de ella.
No, no estás siempre, no sos augurio ni mucho menos abrigo de ocasión.
Me gusta así, tirar un poco del hilo, solo para tejer la trama de algún recuerdo y después descocerte. Me agrada el ejercicio, será porque no hubo tiempo para estropearlo. La lluvia siempre fue espejo de la tormenta, devino así, en causalidad casual.
Es raro verse, pasado un tiempo prudencial, en la misma estación, el mismo azar de las calles que brotan de recuerdos secos, la misma brisa que lleva y trae, y yo voy y vengo. Tiro del hilo y lo guardo.
Tropezarte en un aroma se asemeja al deseo de no situarte más allá de la silla. Soy cazador de olores, esos que fueron y no pretendo, sean palabras.

Aún así, hay algo mucho más importante que persigo como fin: no terminar nunca de encontrarte.


E.B.

Y CASI TE LO DAN

Y casi te lo dan…
Siempre es así, amagan que viene con ese absoluto y uno lo cree. Igual…
¿Qué le queda al hombre a estas alturas más que creer?
Crear, correr, cristalizarse.

Qué diminutas que veo estas palabras, un saxo tirado en un callejón… algo de rabia hay en esta canción.

Algo que buscar es otra esencialidad que siempre hay que tener.

Después te lo dan, no te preocupes, no matemos la utopía por favor…

Te prometo que voy a hacer lo posible
para que te lo den…

y casi te lo dan.

Siempre es así.
E.B.