Oh las veces que París/ o cualquier
ciudad del
mundo/ fue tu
cuello./
¿Qué querés que haga?/ está en mi naturaleza/ de
vampiro/ vos
nunca
dejes de
morderme.


E. Rodrígez


PARA LEER EN FORMA INTERROGATIVA

Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...

Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...

Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...

Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,

había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.


Julio Cortázar

jueves, 15 de octubre de 2009

BARQUITO DE PAPEL




Que poco sentido se le ve a esto.
El hecho de poder escribirlo a priori, reírme, hacer una pausa, consumir un cigarro y volver a sentarme. Cantar, hasta ya no poder resistir y llorar, y después parar otra vez.
Sentarme y escribir que “no tiene sentido” es un absurdo total.
Estoy cansada.
¿Lo habremos gastado?
La verdad que tiemblo porque me encanta mentirme, pero ¡sí! que se diluya todo esto, matémosnos de una buena vez.
Lo vivimos por otro lado, muy mental y queriendo ser irracionales, justificando nuestras acciones inmorales en impulsos puros, sintiéndonos mejor sólo en el momento… Después cada cual habrá teñido su almohada de puertas para escapar, cambiar la historia, mover algunas partes, algunos años, acomodarnos mejor porque no encajamos. No podemos y nos duele, y lo tomamos ahora como un juego, un rompecabezas. Queremos pero no podemos.
Días para cuadrar un encuentro dentro de una zona estudiada y analizada. ¡Para qué!, si apenas llegamos nada se cumple, por eso esto de vernos tan poco y con tanto esfuerzo y ya muertas de las ganas. Todo sale en impulsos así, es natural que no sepamos qué hacer, si abrazarnos primero y cambiar de ropa un rato, de culpas y cansancios, intercambiarnos los hábitos y desconocernos. O tal vez primero hablar. Hablar. No nos vayamos a querer olvidar de hablar porque sería terrible. Hablarnos mientras nos miramos tanto que mis palabras terminan recordando un viejo balde de la infancia, y nos damos cuenta que coincidió con el color de tu taza de jardín, y ahí sí se conectan las palabras con el cuerpo, con nuestras miradas que brillan, y no quieren ahora ya nunca entender porqué brillan así, o porqué tu mano se acerca sin que lo quieras permitir y me toma y yo no puedo ya no temblar, y admitir que por más que lo planeemos no se puede si esto sigue así.
La ciudad no nos alcanza para escondernos pero nuestras almas decidieron encontrarse igual, vaya a saber si a luz natural o de velas. Perdón pero no puedo irme.
Y me voy.
Porque esto es así, no tiene sentido si me voy o si me quedo.
No tiene sentido.
Por eso me quedo, desde esta orilla. Tal vez te espíe, debo admitirlo, tal vez te vuelva totalmente irreal y termine dibujándote en la pared con una tacita de otro color, para que no seas vos nunca más. Para ver si así puedo seguir desde esta orilla.


E.B.

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