Oh las veces que París/ o cualquier
ciudad del
mundo/ fue tu
cuello./
¿Qué querés que haga?/ está en mi naturaleza/ de
vampiro/ vos
nunca
dejes de
morderme.


E. Rodrígez


PARA LEER EN FORMA INTERROGATIVA

Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...

Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...

Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...

Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,

había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.


Julio Cortázar

lunes, 23 de agosto de 2010

VÉRTIGO DE INSTINTOS


Me dan vértigo mis instintos, desconfío con tanta confianza de lo mental. Apoyo mis pies y bordeo cada centímetro, a veces temo que tanto concreto hunda para siempre esta humanidad sin razón de ser.
Veo el cuadrado que emana sangre, la letra que quema papeles, la tinta que escribe mentiras… y esos ojos que siempre, aunque temo se equivoquen, permanecen junto a mi tristeza.
Maratones de personas que visten presiones… y un viejo saxofón en cada tacho de basura que tropiezo.

Me ensordezco con lo que no se detiene jamás, analizo las hormigas y su globalización paradójicamente solidaria, aún siento orgullo de este insomnio sin luna, y por suerte sin espejos.
Me emociono con un tango del Polaco, esos que bajo un aroma a alcohol nos dejó pensando que estarían en buenas manos. Simple naturaleza del error humano, pensar que el mundo progresista nos lleva por buen camino…

Y sigo temblando de miedo por esos ojos, que se sientan al borde de mi cama cada noche.

Aún sigo bailando.
Aún duermo pensando si volverás.
Aún creo que “creer” es un gran engaño moral.

Y ahora despierto, mi pecho carga una sensación extraña.
Hay un reloj, señala algo…
                   (una nueva espera se forma…)
Mis pies se calzan, bordean el cemento.
Lavo mi cara de los miedos nocturnos, vuelvo hacia el reloj y desespero. Intento desarmarlo, pero hay un tic-tac que proviene de mi interior…

                 y tengo miedo
                    y es otra vez de noche
                               y otra vez están esos ojos…


E.B.

LLUVIA DE OCTUBRE


Se que recordaré donde guardas el cenicero de tus esperas y asombros.
Se que olvidaré los cigarros que por ti consumí para no tallarte perfecta, como acostumbro a vestir la naturaleza humana, imperfecta como la espera.
Se que recordaré tus cosquillas inquietas y sonámbulas que vagan día y noche sobre tu piel de tergopol.
Se que olvidaré el calambre de clímax que me provocan tus ojos color té disparándome palabras hechas cuerpo.
Se que recordaré tu debilidad por sofía, ciencia inexacta de tu vida, como también tallaré esos dedos que tantas vueltas de página le dieron a mis creencias.
Se que olvidaré los latidos que despertaron y durmieron mis pies al descubierto, cuando las sábanas cayeron al suelo y el placer nos abrazó bajo la lluvia de octubre y esa luna, que no fue de miel, sino de culpa y pecado, exquisitos placeres que bebimos hasta ahogar.
Se que recordaré tus labios que en medio de gemidos de placer y suplicando por más, pronunciaron -provocándonos- “no te enamores de mí”.
Y se que por eso olvidaré recordar que el olvido tal como el amor no existen. Las creaciones humanas se pueden abatir, pero la base de tus ojos y tu ámbar de aliento respirando sobre el mío, serán el placer más vivo que recuerde en tu olvido.


E.B.

ESTADOS DE LUCIDEZ



Cómo decirte que hay veces en que mis ojos espantados
                                                                                          buscan,
 ya fuera de sí, otros idénticos, que abriguen la llama que se llevaron los tuyos
-aunque hoy los haya visto tan humillados de dolor-
                                                                         y no los encuentre.

Cómo explicar el frío que hiela la piel seca, la carne mía, los huesos de un cuerpo
-que aún después de horas de haber asistido a tu hallazgo-
sólo en un segundo de debilidad hayas ordenado de forma tan tajante que mi alma conserve el calor…
                                                                                                                y lo haya hecho.

Cómo descifrar este circo de emociones que se metamorfosean de forma tan
                              plástica,
                                              artística,
                                                            imperial…
Es realmente humillante ver cómo creo el camino para tu partida y ansío siempre una última despedida…
                                                                                                                y jamás te niegas.

Es innegable la magia que nombra lo ficticio de su supremacía en mí, es incalculable ver cuántas barricadas les puse a tus pies, cuántos escalones agregué a tus pasos…
y sin embargo,
                                                                                                  lograste robarte mi aliento.

Cómo quisiera juntar las palabras en mi mente, dotar de vigor mis pensamientos. Cómo mirarme cada mañana en el espejo y saberme cobarde, tan pusilánime como aquella sentencia, que el viento entregó a tus ojos siempre tan potentes
-aunque hoy los haya visto sangrados de impotencia-
y dominarme tan salvajemente frente a lo que me hubiese salvado realmente.
                                                               
Cómo decirte que violé los códigos de tu fidelidad y me creo
insobornable.

Y en la escena final del acto sin fin,
esa presencia,
tan
                                                                         intangible,
                                                       ficticia,
        pero innominableMENTE
Perfecta.


E.B.

CORAZA DE MARFIL



Se vuelve fuerte la coraza que cree para tu amor… porque resulta que tendría que servir para olvidarte, pero el corazón que no entiende de trivialidades ni olvidos oportunos, hizo filtros, potentes, de grosor; hizo puentes a tus ojos de verano, a esa coraza tallada por tus manos, en donde todo se vuelve piel. 

Tu luna y mi luna salen las mismas noches a bañarse de melancolía.

Mi río tiene calce en otras arenas, pero la corriente no siempre me lleva hacia allá, es más, diría que la turbulencia provoca derrame de aguas saladas, crecientes de lágrimas que desbordan cualquier premeditación.
No quiero estar a salvo, la tierra firme no sirve para soñadores ni enamorados cínicos…
No quiero enterrarme en la seguridad, tu aire me congela y quema en el mismo suspiro, me desnudo, me libero, me despojo de piel y botas, lloro peces y limaduras, roo las puertas y siempre de alguna forma naufrago y arribo en alguno de tus puertos de silencio…
Las sensaciones siguen creciendo, se alimentan de vaya a saber qué artificialidad, y entonces proviene la explosión –silenciosa y vestida formalmente-, la línea de la locura se vuelve invisible y no encuentro suicidio posible que me asegure encontrar otra belleza así en otra vida

Sí, se hace fuerte la coraza, mi fantasioso amor por ti sigue creciendo desmesuradamente…

Mientras… ella
 tapa mis pies fríos, calienta mi hueco y su lugar en nuestro lecho y es tan difícil…
que todo queda en manos del éxtasis del sueño.


E.B.

jueves, 12 de agosto de 2010

Los orígenes del tango. Buenos Aires, 1900.


"Recordaba aquellas horas de garufa
cuando minga de laburo se pasaba,
meta punga, al codillo escolaseaba
y en los burros se ligaba un metejón."

 El ciruja L.: Alfredo Marino. M.: Ernesto de la Cruz

domingo, 8 de agosto de 2010

AGOSTO


 A veces pienso un poco en ti.

Hay veces que mi letra se parece a otras, la forma de terminar la "ene" un poco hacia dentro, como vos. La grafología seguramente  podría darnos una explicación psicoanalítica, de esas que tanto nos pinchan las plantas de los pies.

No podría decirte que te extraño. Algo ocurrió vaya a saber bajo cuál dimensión del tiempo, pero la decisión que tomaste, tan de invierno y helada, fue cayendo en mí como una pluma al suelo.

A veces pienso en mi monolito, que estoy segura regarás y hablarás apropiadamente cuando lo necesite.
       (Confío en ti).
Hace unos días la planta que me obsequiaste tuvo como un desmayo de manos. Planté sus dos ramas bajo mi cama, y a su nuevo cuerpecito lo observo y le busco otra forma. Mientras, le hablo y la riego.
       (Siempre hay que buscar nuevas formas Quisiera que confiaras en mí).

Fue una flora exótica la que mezclamos tu y yo.
Te agradezco el amazona de aprendizajes que fuiste y los restos de perfume sobre mi almohada.
Cuando volvamos a vernos trataré de acariciarte un mechón de pelo y no confesar nada más.


E.B.


Estación de arrabal




Nos despedíamos siempre 
en la estación aquella.
equivocada como toda estación los trenes partían siempre antes,
y la gente y las parejas ilusionaban y creían que no debían partir, que las vías les hablaban.

Elegíamos esa estación porque era la de tu casa, porque me llevabas en bici, porque era divertido. No nos caíamos porque todo era equivocado. Por lo tanto yo disfrutaba que me lleves, pensando que algún día próximo volvería a sacar un boleto para ir a visitarte.

Cuando llegábamos a la estación todo era silencioso, sabíamos lo de los trenes por eso íbamos temprano. De alguna forma entendimos que nos tocaba de ese modo. No nos hablábamos, nos tomábamos de la mano y esperábamos el silbido.

La locomotora marchaba y atravesaba toda la ciudad, desde arriba, desde abajo, de costado. Me encantaba tener que viajar en tren para llegar a vos y muchas veces también para alejarme de vos.

En mi país no hay trenes, por lo tanto el encanto lo encontramos en otro lado aquella última vez. Siempre buscábamos la magia de otra despedida.
Debe de haber sido la falta de rieles, no se me ocurre otra cosa -a excepción de lo que verdaderamente fue-.

Quedamos abiertas al aire, al fuego y las noches de luna creciente.
Quedamos flotando en el mar redondo, con un último tango que acompaña las puertas de los trenes y tu recuerdo...
 "Decí por dios qué me has dao"


E.B.