Oh las veces que París/ o cualquier
ciudad del
mundo/ fue tu
cuello./
¿Qué querés que haga?/ está en mi naturaleza/ de
vampiro/ vos
nunca
dejes de
morderme.


E. Rodrígez


PARA LEER EN FORMA INTERROGATIVA

Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...

Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...

Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...

Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,

había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.


Julio Cortázar

domingo, 21 de diciembre de 2014

Poema de otra poeta.


Lo que cambia es la pregunta, no el lugar.
Lo que cambia es la visión, la autovisión, no el lugar.
Lo que cambia es la asunción de algo, de eso que late.
Lo que cambio es el adentro, que es, en el mismo tiempo y lugar, el afuera.
Lo que cambia es la palabra, el plano, la lentitud.
Lo que cambia es el ahogo que fortalece.
Lo que cambia es lo que se muestra, de un modo u otro, con el tiempo. En un espacio.
El tiempo, todo es momentáneo, si dejamos que así sea.
Lo que cambia, es el cuerpo.
Lo que cambia es eso que dejamos ir, para que vuelva de otro modo, por que es otro tiempo.
Lo que cambia es el tiempo, que somos nosotros viviendo.
La vida es eso, es lo momentáneo que se hace huella, en el cuerpo, que es uno.
La confluencia entre la palabra y el sentimiento.
El recuerdo. Relato que nos hacemos de nosotros mismos.
Es tiempo vivido relacionado intrínsecamente con lo que imaginamos y deseamos vivir.
 
LUCÍA LEWIT

VERBALIZAME



Comprometerse con la palabra.

Yo juego con ella, -no cuando soy-, sino cuando escribo… (valdrá la división che?)

Cuando tomo el papel más bien intento lo fugaz, eso que se escapa siempre que quiero decir…
Cuando escribo no quiero decir el mundo, el social, el racional, el estructurador. Quiero olvidarme de él, patear la naturaleza de la palabra.
Cuando no puedo decir lo de mis adentros, lo escribo.
Jugar a que no es verdad lo que veo, lo que a veces siento,
                      -cuando niego y cuando ofrezco-.

“Un poeta lee con dolor de panza igual.”
Tenés razón.

Cuando escribo abro el micrófono a mi voz interior, ella toma protagonismo y me habla (como siempre) y es entonces que la comprometo a ella, a ella con la palabra. Palabra – papel – mi ser.

Verbalizate.
Verbalizame.

No puedo
a veces
enunciarte…

“En realidad, te estoy preguntando, no sabiendo.” En este mundito verbal semioculto tapo y destapo intenciones, sábanas de noches de amor.  Conduce siempre el hilo algún alcohol de temer.
Eso sí, en este mundito fugaz podés dejarme lo que quieras para que lo cuide. Lo juegue. Lo crea.

 E.B.