Oh las veces que París/ o cualquier
ciudad del
mundo/ fue tu
cuello./
¿Qué querés que haga?/ está en mi naturaleza/ de
vampiro/ vos
nunca
dejes de
morderme.


E. Rodrígez


PARA LEER EN FORMA INTERROGATIVA

Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...

Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...

Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...

Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,

había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.


Julio Cortázar

lunes, 28 de marzo de 2011




¿Todo esto pudo llegar a ser ilusorio?
Dos puntos que se mueven sobre un fondo forman millones de figuras y millones de otras formas que no tienen un nombre desde la percepción humana, pero de seguro algo son, y nosotros no debíamos de saber qué son.

La confusión crea un millón de sentidos posibles. Abre un nido de moscas molestas que vuelan sobre tu cabeza…
Se debilita una parte del lado o barco, en realidad se debilitan todas las formas o simbolismos de la cuestión. Porque la confusión no tiene núcleo de verdad. No posee la sencillez de una seguridad, lo sagaz de una total entrega. La simplicidad de amar mirándose a los ojos.
Todos esos mundos posibles conviven juntos, casi diría sin demasiados disturbios entre ellos, esa es su esencia, un caos lento… todo con niebla, incertidumbre de mar quieto.
La confusión puede ser desesperante para el sujeto pero nunca para el objeto. El objeto se vuelve calmo, llano, infinito.

No puedo fusionar las cosas, tiene que haber un sentido, un hilo, una continuidad.
¿Qué fue del tiempo de dormir dos horas y besarnos las restantes?
¿Qué fue del espacio donde nos acariciamos y llegamos a la forma?

Y para mi hay abismo, explosión, quietud…
Confusión, derrumbe. Miedos…


E.B.

 
 
 

lunes, 7 de marzo de 2011

Ceci n'est pas une pipe


Ojala se entienda cuando las olas del mar vuelvan hacia atrás.
Cuando tu mano vuelva a acariciar la mía, aunque sea accidental…
Aunque sea extrañame un poquito, por que acá la marea siempre suele volver hacia atrás.
Por que acá el surrealismo siempre suele acariciarme la mano y susurrarme al oído: “te quiero contar un secreto”…

Aunque sea mandame una señal, una pestaña, una sábana de tu hogar…



E.B.