Oh las veces que París/ o cualquier
ciudad del
mundo/ fue tu
cuello./
¿Qué querés que haga?/ está en mi naturaleza/ de
vampiro/ vos
nunca
dejes de
morderme.


E. Rodrígez


PARA LEER EN FORMA INTERROGATIVA

Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...

Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...

Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...

Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,

había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.


Julio Cortázar

jueves, 1 de octubre de 2009

PERCEPCIÓN

Siempre desde la altura se identifica mejor a la presa…

Sentada desde la rama de este árbol lo primero que se interpone a mi vista (en diagonal y derecho -la vista primera digamos-) es un mediano cartel blanco, rectangular, la información que dispone se encuentra en cuatro palabras, la primera en grande y con la típica sombra de las letras de publicidad, resaltada: Ferretería. Abajo, en letra negra, mayúscula y bien legible: COPIAS DE LLAVE.
Los carteles siguen a cada paso que mis ojos hacen, lo llamaré contaminación visual como para darle un nombre científico y sobre todo, alienado a nosotros. Mientras tanto figuras se mueven debajo de mí, al costado o de reojo, las fotografío mentalmente o simplemente las dejo pasar, las invito a un olvido sin registros, total, como pocas veces aceptamos una despedida tan lúcida y saludable. Después de todo nada existe sin mi percepción, es un poder que debo admitir, me excita, aunque seamos tan inconscientes de él.
Elevo mi vista hacia arriba, el cielo nace y muere dentro de mi rango de visualización, pero no es azul, esta vestido y abrigado por nubes con presencia de ópera, listas para dar comienzo a la danza de la lluvia. Por ahora el teatro aún no abre telones y centro mi vista en la masa nebulosa que sigue moviéndose abajo y alrededor, la denominaré realidad concreta, existe y no por mi poder deja de hacerlo, dentro de este aire imperceptible vive, respira, muere…
Caras, caras y mas caras… Cada uno en su mundo propio, como llevando un arma cargada en sus manos y disparando a lo que quieren dar vida –o muerte que es lo mismo- en su realidad y tiempo subjetivo.
PODER Y MAS PODER caminando sin siquiera pestañar frente a tan tremenda fatalidad… siguen disparando, siguen progresando… Y pasan cuadernos, uniformes, guardapolvos, cascos, maletas de cuero y de plástico, enamorados o en soledad, apurados por llegar o resignados por no encontrar, yendo a trabajar o a robar para el pan…
Rompiendo este cuadro de perfecta infidelidad humana, un auto blanco pasa con luces que titilan desde su extremo superior delantero, en un segundo anuncia la carrera secreta e inhabitada de la vida a la muerte.
Y todo sigue pasando tan inexorablemente que prefiero cerrar mis ojos, y alucinar con el mundo del revés.

Siempre desde lo alto se puede ver lo simple y banal que puede llegar a ser todo, o lo sensible y gastado que puede volverse el mundo.

(Siempre desde la altura se identifica la presa)


De repente, en mi interior y desde el exterior veo a un niño, que ahora detiene su paso y me come con su mirada.

Y me están observando otros ojos, a la distancia extrema….

Y soy su presa…


E.B.

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