Oh las veces que París/ o cualquier
ciudad del
mundo/ fue tu
cuello./
¿Qué querés que haga?/ está en mi naturaleza/ de
vampiro/ vos
nunca
dejes de
morderme.


E. Rodrígez


PARA LEER EN FORMA INTERROGATIVA

Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...

Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...

Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...

Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,

había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.


Julio Cortázar

jueves, 6 de junio de 2013

La memoria de los cuerpos


No te fuiste, claramente todo sigue ahí. Permanece.
De todas las formas... Vive.
Fue como si el tiempo no hubiera pasado, o al menos como si todo lo que pasó en estos años no detuviera nuestros besos.
Sedientos,
voraces,
urgentes.

Lo único que había olvidado lo recordé en la primer caricia que recorrió entera tu cuerpo.

Y sí ví caer.
Tu lágrima correr...
Sí. La borré. Sin preguntas.

Aquí sí los años entre nosotras me enseñaron a no tener que necesariamente poner palabras a todo.
El símbolo sobrevive igual sin palabras.
Sos signo.

Sin embargo... la memoria de los cuerpos,
las manos que se buscaban para no abandonarse mientras la noche avanzaba rápido,
muy rápido...

Los cuerpos resisten e insisten... Son inquebrantables.
Nada puede torcer su corteza.
Has quedado en mí tallada, dormida sobre mi cuerpo. Si en la tristeza no hay belleza qué hago con esta luna pellizcada que me mira, me invade.

Mi cuerpo debe olvidar.

E.B.

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