Oh las veces que París/ o cualquier
ciudad del
mundo/ fue tu
cuello./
¿Qué querés que haga?/ está en mi naturaleza/ de
vampiro/ vos
nunca
dejes de
morderme.


E. Rodrígez


PARA LEER EN FORMA INTERROGATIVA

Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...

Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...

Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...

Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,

había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.


Julio Cortázar

sábado, 8 de enero de 2011

Qué es eso que me tiembla desde el fondo.
¿Es lo espinoso de la inseguridad? ¿Lo desafiante de la total entrega? Qué provoca este gran dolor en mi pecho si yo siento estar segura de tu caricia constante.
Allá en el fondo amor, todo tambalea, la marea sube tan rápido… y tapa, tapa todo. Pero después baja y deja al desnudo nuestros cuerpos amándose.



Prometo escribir. Pues llueve y los truenos parecen como si marcaran las letras. Las ganas. Tus ojos.

Extrañar parece ser un ejercicio difícil de ganar.
Extrañarte. El abrigo de tu piel, esas plumas necesarias para que volemos de los tobillos a los hombros.
Empezar a querer llegar a tu boca y no poder.
Encontrarse nuevamente entre una distancia y un cenicero lleno. Entre días que faltan y tiempos espaciosos.

Siempre yo salía a buscarla donde sabía que no estaría… Y siempre ella me veía, me miraba y me esperaba, a que yo volviera del contrario, a que aprendiera a vivir más allá de ese pasado binario que me perseguía…
En el reverso de mi decisión la encontraba sentada y me aliviaba, me dormía contra ella y todo se volvía espuma de mar, pies enterrados en la arena fresca, paz sin tiempo irreparable.

Cuando a veces me detenía a mirarla dormida observaba siempre escalofríos secos y repentinos…
Había veces que en la mañana, la siesta, de noche o hasta en sueños, de repente rompíamos en llanto. Nos asustaba que todo se precipitara así. La montaña rusa bajaba a toda velocidad, caíamos en esas miradas largas que siempre tenían gusto a miedo. Se sentía como el fluir de un río entre su pecho y el mío.
Nos necesitábamos y buscábamos hasta encontrarnos, desgastarnos y llenarnos.

Allá en el fondo de nuestros ojos esperaba paciente el miedo, el hilo tirante de nuestra forma. Se sentía al tiempo tejiendo palabras…
Pero lo abatíamos, muchas veces con nostalgia a lo desconocido, otras combatiendo la necesidad de que cuando nos miraran realmente nos pudieran ver. De que cuando la tormenta volviera con sus truenos se llevara como una brisa ese extraño dolor.
Y de que si alguna vez nos juzgaran fuera finalmente de tan loco amor.


E.B.

1 comentario:

  1. che, una sugerencia, cambia el fondo del blog, es muy lindo pero dificulta la lectura.

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