Oh las veces que París/ o cualquier
ciudad del
mundo/ fue tu
cuello./
¿Qué querés que haga?/ está en mi naturaleza/ de
vampiro/ vos
nunca
dejes de
morderme.


E. Rodrígez


PARA LEER EN FORMA INTERROGATIVA

Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...

Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...

Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...

Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,

había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.


Julio Cortázar

miércoles, 27 de abril de 2011

Te creí

“No se cómo perderla.”

Esa frase quedó retumbando en mi cabeza mientras seguía la conversación, mientras trataba de que el estómago no se encogiera. De que las palabras tuvieran el pesó lógico-racional que una charla debe ganar si pretende convencer…

El tema de soltar o agarrar. De que no podes, de que no querés, de que me encantaría haya un agujerito para estas bolitas en el medio del cemento.

Vive en mi pecho, se escarba en mis sueños, la vomito por las mañanas y me desespero en las madrugadas.
Ya no sé cómo gritar desde los ojos. Cómo olvidar el clima, los olores, el color de la luz alumbrando la casa…

No puedo desdibujar su carcajada, el verano, la luna de esas noches en la terraza… al principio, muy al principio, cuando nada parecía lastimar ni animarse a.

¿Por qué a mí no se me pierden esas noches? ¿No se caen por algún agujero del pantalón?
¿Cómo hiciste para perderlas tan rápido?


Me prometiste que saldríamos el sábado siguiente…
Me lo prometiste.


E.B.

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