Oh las veces que París/ o cualquier
ciudad del
mundo/ fue tu
cuello./
¿Qué querés que haga?/ está en mi naturaleza/ de
vampiro/ vos
nunca
dejes de
morderme.


E. Rodrígez


PARA LEER EN FORMA INTERROGATIVA

Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...

Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...

Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...

Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,

había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.


Julio Cortázar

viernes, 26 de marzo de 2010

Carta de mesita de luz

 
Quiero que tus ojos reconozcan que a veces quiero acariciarte sin desear.
Quiero que tu mirada en este instante fije en tu pupila que esta distancia atrapa mariposas en su red.
Es tan difícil amigarme con estas ganas de no poder acceder a tí antes de que partas... es algo así como haber encontrado muchas llaves distintas tiradas por el camino y que todas abran la misma puerta, solo que para acceder a tu río el mar brille hasta cegarme.
No se trata de nada más que palabras que van y vienen. Voces, imágenes... pero otra vez, siempre de distintas formas, el cuerpo se desvanece.
Quiero que sepas a ti que me lees ahora que lo que dijimos sobre el hilo y la lana era verdad.

Te imagino viviendo en esta ciudad. Tus ojos cuidando de los míos y yo tratando de escucharte sin tergiversarte.
Hoy son esos días en que desde que me levanté tuve sueño, esos días en que muero de ansiedad por escribir pero mi mano pierde fuerzas en querer sostener el aire.
Hoy son esos días en que no puedo aceptar que mi tristeza tiene un claro devenir... esto de los cazadores de mariposas.

Quiero que mis ojos reconozcan en los tuyos esa luz amarilla que desprendes... que aunque en las letras nunca te nombre eso es porque eres real. Y lo real vive por sí solo... mis letras son imaginarias y las alimenta una mente que no entiende de pieles que se comunican por sí solas.
Quiero que sepas que quiero gritar al fin mi verdadero nombre con las iniciales de una arrugada soledad que se me aproxima, ya sin velocidad.

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