Oh las veces que París/ o cualquier
ciudad del
mundo/ fue tu
cuello./
¿Qué querés que haga?/ está en mi naturaleza/ de
vampiro/ vos
nunca
dejes de
morderme.


E. Rodrígez



PARA LEER EN FORMA INTERROGATIVA

Has visto,
verdaderamente has visto
la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...

Has tocado,
de verdad has tocado
el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...

Has vivido
como un golpe en la frente,
el instante, el jadeo, la caída, la fuga...

Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón,

había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.


Julio Cortázar

viernes, 22 de julio de 2011

Distancia


La velocidad de la vida, la energía de la muerte, los decibeles de la piel.
Las palabras dicen, siguen la ley del discurso, violan impulsos. Burlan al escalofrío,  agreden a los ojos salados, escupen la ansiedad del pecho humano.
Y a mí qué. Estoy hecha de palabra y de cuerpo.

Entiendo la diferencia, de veras que la veo. La siento. La verifico.
Nunca te imaginaste esto, por eso jamás avanzarías más.
Tal vez  no me borrarías… tal vez yo si…

Procesos del cuerpo son espacios múltiples al poder decirlo…

Hay tiempos distintos aunque paralelos… todos los minutos de nuestras vidas transcurren entre paralelismos de otros.

¿Cómo supero esta terrible coherencia de distancia y piel?


E.B.

miércoles, 27 de abril de 2011

Te creí

“No se cómo perderla.”

Esa frase quedó retumbando en mi cabeza mientras seguía la conversación, mientras trataba de que el estómago no se encogiera. De que las palabras tuvieran el pesó lógico-racional que una charla debe ganar si pretende convencer…

El tema de soltar o agarrar. De que no podes, de que no querés, de que me encantaría haya un agujerito para estas bolitas en el medio del cemento.

Vive en mi pecho, se escarba en mis sueños, la vomito por las mañanas y me desespero en las madrugadas.
Ya no sé cómo gritar desde los ojos. Cómo olvidar el clima, los olores, el color de la luz alumbrando la casa…

No puedo desdibujar su carcajada, el verano, la luna de esas noches en la terraza… al principio, muy al principio, cuando nada parecía lastimar ni animarse a.

¿Por qué a mí no se me pierden esas noches? ¿No se caen por algún agujero del pantalón?
¿Cómo hiciste para perderlas tan rápido?


Me prometiste que saldríamos el sábado siguiente…
Me lo prometiste.


E.B.

sábado, 23 de abril de 2011

menos (igual a) mas



menos la distancia.

Y la pregunta que te gobierna sigue pateando tu puerta.
Y mi respuesta vacía de voluntad frente a tanta sinceridad racional.

Ahora que lo pienso... creo que las culpas anticipan lo que está viniendo. 
              ¿No lo harás no? 

Que la jaula se transforme en pájaro...



E.B.

lunes, 28 de marzo de 2011




¿Todo esto pudo llegar a ser ilusorio?
Dos puntos que se mueven sobre un fondo forman millones de figuras y millones de otras formas que no tienen un nombre desde la percepción humana, pero de seguro algo son, y nosotros no debíamos de saber qué son.

La confusión crea un millón de sentidos posibles. Abre un nido de moscas molestas que vuelan sobre tu cabeza…
Se debilita una parte del lado o barco, en realidad se debilitan todas las formas o simbolismos de la cuestión. Porque la confusión no tiene núcleo de verdad. No posee la sencillez de una seguridad, lo sagaz de una total entrega. La simplicidad de amar mirándose a los ojos.
Todos esos mundos posibles conviven juntos, casi diría sin demasiados disturbios entre ellos, esa es su esencia, un caos lento… todo con niebla, incertidumbre de mar quieto.
La confusión puede ser desesperante para el sujeto pero nunca para el objeto. El objeto se vuelve calmo, llano, infinito.

No puedo fusionar las cosas, tiene que haber un sentido, un hilo, una continuidad.
¿Qué fue del tiempo de dormir dos horas y besarnos las restantes?
¿Qué fue del espacio donde nos acariciamos y llegamos a la forma?

Y para mi hay abismo, explosión, quietud…
Confusión, derrumbe. Miedos…


E.B.

 
 
 

lunes, 7 de marzo de 2011

Ceci n'est pas une pipe


Ojala se entienda cuando las olas del mar vuelvan hacia atrás.
Cuando tu mano vuelva a acariciar la mía, aunque sea accidental…
Aunque sea extrañame un poquito, por que acá la marea siempre suele volver hacia atrás.
Por que acá el surrealismo siempre suele acariciarme la mano y susurrarme al oído: “te quiero contar un secreto”…

Aunque sea mandame una señal, una pestaña, una sábana de tu hogar…



E.B.









martes, 22 de febrero de 2011

Huellas




Empieza a pasar el tiempo.
Se, por haberlo vivido… tantas veces, tan por primera vez…
Se, que mientras más pasan los días peor uno transpira. Peor uno lo duerme, lo sueña, lo despierta y lo tapa.

Pudo ser distinto…
Acariciaré las circunstancias de aquel suceso y partiré de esta ciudad apenas mis pies vuelvan a mí.



E.B.

domingo, 20 de febrero de 2011

IMAGINAR IDEAS



Siempre es llegar a un lugar y tratar de construir.
Apenas abrir la casa de tu departamento y correr a barrer, a limpiar. A abrir las ventanas porque uno se asfixia rápido, rapidísimo buscar la escoba y ponerla tras la puerta. Descalzarse… repensarse, sentirse con el pulso fuera de serenidad y tratar de entender porqué tanto miedo cada vez que se abre esa puerta. Esa o cualquiera, todas o ninguna. Simplemente siempre algo se termina por conceder, por abrirse luz… -como un simple capullo-.

Cuando decido lo hago siguiendo los sentimientos; en realidad la palabra exacta sería chocarse. Cuando me choco con las cosas, con ciertas personas, en momentos críticos o simplemente cuando hay que decidir abrirte o no la puerta de mi casa…; lo hago en base a las pulsaciones en caos, a esas señales que traspiran el cuerpo y marcan el camino. Elijo el cuerpo.

Y cuando me equivoco, y eso se vuelve dolor, elijo a la razón para subsanar el tiempo y caigo en la alabanza de lo concreto. La razón explota contra lo sucedido, contra lo vivido. Como si nunca -y en realidad esa es la cuestión…-, como si nunca hubiese visto cómo fue que sucediste, sucedieron, sucedió… 

El tiempo me atrapa, me mide, me contabiliza y siempre da cualidades a las cosas, cualidades que no existen más allá de la cosa; pero que la razón por ser estructura y tiempo, arrasa con su renombrada memoria y su famoso sentido común. Cualquier delirio se forma aquí. Una guerra de mundos: sentimientos o razón. Sentimientos o razón…


Cuántas veces te lo dije esa vez.


¿Cuántas veces elegiste razón? ¿Y cuantas yo absurdo? 


¿Cuántas veces ganaste esa noche? ¿Y cuántas palabras perdí yo…?



 E.B.



miércoles, 16 de febrero de 2011

A veces fue sabido.
Otras veces… lo está siendo ahora
Las horas carcomidas… los mitos de antaño.
De qué se tratará este aprendizaje… cuando creí sostener tu mano resultó ser espuma, cuando creí llegar al fondo resultó ser el comienzo.

Entiendo, todos los días sigo entendiendo, barriendo tus pestañas.
Y sigo completándome. Y sigo entendiendo que por haber sido sólo mía tu imagen, jamás será lo suficientemente débil.

Siguen cayendo los restos de ladrillo de la pared donde nos escondíamos…
Y sigo entendiendo. Y sin certeza alguna agarro fuerte tu mano todas las noches. Sigo amándote pero en un suelo tambaleante.
Tendrá que ser firme el puente para volver a ser lo que fuimos.

Y el colectivo que no ayuda. Me retiene, te piensa… y te busco, desde adentro mío por encima del colectivo. Solo para verte, desde mí; sólo para verme, desde esta ciudad…
Sin manos, sin uñas.

No dejarás de existir, nunca sabré cuán real era tu vida. La persuasión de tu sombra habita mi pasado, la intuición de mi desengaño alimenta mi actual jardín.
Y la lluvia, la costumbre, mis labios hablando un idioma nuevo. Mi mente palpando inocencias, construyendo fantasías.
¿Cuánto sabré hacer durar esto? ¿Cuándo mis arrugas dejarán de envejecerte?

Nos amamos sin miedo de amarnos.
Nos pensamos luego odiando la razón.
Nos vemos ahora vacías de ilusión.


E.B.

lunes, 17 de enero de 2011

Papel Glasé


¿De qué hablan cuando me hablan?

De qué se tratará todo este embrollo... ¿Sólo mentes intentando definir? ¿Solo cuerpos intentando parar?
Son muchas madrugadas sobre tus pestañas, mucha desesperación de palabras que no surgían. Y lo peor de todo, ahora que tanto se las necesitaría, siguen sin aparecer...

La cursilería de que todo en un segundo puede cambiar. La verdadera inocencia asustándome a los pies de la cama, una hermosa princesita enseñándome a desnudarme de vergüenza.
No puedo detenerme a pensar en que este comienzo tuvo un final creciendo desde nuestras espaldas desde aquella noche de verano temprano.

¿Será que era temprano? ¿Será que no había que cortar aquellas ramitas verdes?

Y esa hermosa princesita que juega a ser reina y cada vez que corre a abrazarme cambia la temperatura de mi coraza.
Te admiro tanto bichito de luz, con esos ojitos redondos, con esa intuición de niño pez, de niño mundo, de casita caracol...
Tal vez seas tú la que me ayudes a entender un poco más este mundo aburrido de adultos. Este tiempo de lechuzas que ojean la magia del encuentro de dos reinas.

¿Habré invadido tu castillo de cuentos de hadas?

Se quieren tanto esas dos reinas bichito de luz...

Hace poco me hablaron de las formas de amar.
Hace tanto te buscaba reina...
A ti no bichito, pero parece que igual debíamos encontrarnos y jugarnos la vida, dibujarla en papel glasé y tal vez después terminar este cuento volviendo todo una gran fiesta de papel picado, con muchos ojitos redondos mirándolos caer... 
a ti te gustaría tanto bichito de luz..


E.B.
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sábado, 8 de enero de 2011

Qué es eso que me tiembla desde el fondo.
¿Es lo espinoso de la inseguridad? ¿Lo desafiante de la total entrega? Qué provoca este gran dolor en mi pecho si yo siento estar segura de tu caricia constante.
Allá en el fondo amor, todo tambalea, la marea sube tan rápido… y tapa, tapa todo. Pero después baja y deja al desnudo nuestros cuerpos amándose.



Prometo escribir. Pues llueve y los truenos parecen como si marcaran las letras. Las ganas. Tus ojos.

Extrañar parece ser un ejercicio difícil de ganar.
Extrañarte. El abrigo de tu piel, esas plumas necesarias para que volemos de los tobillos a los hombros.
Empezar a querer llegar a tu boca y no poder.
Encontrarse nuevamente entre una distancia y un cenicero lleno. Entre días que faltan y tiempos espaciosos.

Siempre yo salía a buscarla donde sabía que no estaría… Y siempre ella me veía, me miraba y me esperaba, a que yo volviera del contrario, a que aprendiera a vivir más allá de ese pasado binario que me perseguía…
En el reverso de mi decisión la encontraba sentada y me aliviaba, me dormía contra ella y todo se volvía espuma de mar, pies enterrados en la arena fresca, paz sin tiempo irreparable.

Cuando a veces me detenía a mirarla dormida observaba siempre escalofríos secos y repentinos…
Había veces que en la mañana, la siesta, de noche o hasta en sueños, de repente rompíamos en llanto. Nos asustaba que todo se precipitara así. La montaña rusa bajaba a toda velocidad, caíamos en esas miradas largas que siempre tenían gusto a miedo. Se sentía como el fluir de un río entre su pecho y el mío.
Nos necesitábamos y buscábamos hasta encontrarnos, desgastarnos y llenarnos.

Allá en el fondo de nuestros ojos esperaba paciente el miedo, el hilo tirante de nuestra forma. Se sentía al tiempo tejiendo palabras…
Pero lo abatíamos, muchas veces con nostalgia a lo desconocido, otras combatiendo la necesidad de que cuando nos miraran realmente nos pudieran ver. De que cuando la tormenta volviera con sus truenos se llevara como una brisa ese extraño dolor.
Y de que si alguna vez nos juzgaran fuera finalmente de tan loco amor.


E.B.

domingo, 28 de noviembre de 2010

VERDE, VIOLETA Y AMARILLO



No se cómo funciona esto. Ahora que amo. Ahora que las letras no se encuentran porque no deben encontrarse.
Alguna vez escribí que “las despedidas siempre ganarán los mejores concursos de poesía”. Alguna vez desde siempre, escribí cuando la melancolía corría espesa por la mesa de mi pecho, cuando los ojos estaban nublados, cuando en el pecho algo tiraba.
Pero no es lo de ahora, ahora, que igual el pecho tira, como un bandoneón se estira, pero ahora es distinto.
Es distinto y pucha no puedo encontrar las palabras. Y pucha, ¡qué alegría no poder encontrarlas!
Siempre ganarán los mejores concursos pero nunca bailarán hasta el amanecer el último vals.
Te amo. Te amo como nunca amé, como nunca creí se podría amar. Te amo como nunca me amé a mí misma, te amo como nunca admiré amar a otra persona.

De qué se tratarán ahora los bares solitarios, de qué sustancia estarán hechos ahora los bancos de las plazas con gente solitaria en ellos. De qué se tratará tu mirada y mi mirada por separado…

Entiendo entender que no existe ni cabe el entendimiento entre nuestras químicas. Siento que no estoy pensando sino sintiendo y que es hermoso este disociar de cuerpo y mente.

Entiendo que orgullosamente estas primeras palabras te las mostraré para que las leas tú, entiendo que te besaré hasta ahogarme en brillo cuando llegue a tus pies.

Entiendo. Escribo que entiendo, por lo tanto pienso. Pero cómo explicar que en realidad estoy sintiendo, en vivo y directo, en un aquí y ahora delicioso, en un amanecer en la playa que queda contenido en un frasquito de vidrio pintado de colores verde, violeta y amarillo.

Te amo. Y no entiendo la palabra, no me alcanza, me abraza y se diluye en pasión, en emoción, en diálogo de cuerpos que no necesitan ni exigen la letra.
Te amo, y nunca estuve tan segura de entregarlo.


E.B.

miércoles, 20 de octubre de 2010

INMUTABLE

Nos ahogamos en vasos de intelectualidades.
Vamos de lo divertido a lo hermoso, de lo horroroso a lo bochornoso.

Y por Zeus, sí que hay que tener valor para callar. Firmeza para poner un “no” tan absoluto sobre la línea de la mirada, ese océano que nivela mi pesadez de amor.

La boca me seca. La boca y no la palabra.
El cigarrillo asquea.
E innumerables cuerpos viejos caen desde papeles amarillos.

El invierno no se va más. Y eso que escribo con las dos ventanas abiertas, temblando pero insistiendo en que ya, es verano. Que ya basta de amarillos humanos...

Volvés. Volvés.
Y nuevamente
volvés...

Te vuelvo. (Eso está claro para el lector ¿no?)


Hace poco me dijeron que decir “no”, no es autoritarismo… es libertad.
Y recuerdo cómo sudé y temblé de miedo el día que viví en carne propia el darme cuenta de lo libre que era; la inmensidad que me recorría… saberme libre, libre de elegir, libre de elegir entender lo que el otro me decía, libre de elegir no lastimar, libre de dejarte mujer, de dejarte de una buena vez y comprender que no siempre la libertad es dulce, pero sí que es real, sí que es adrenalina pura e instintiva.
Hacer libertad de mis pies, manos, boca y sexo.

“En su sueño entró un tango.
En medio del mar un farol se prendió.
Y entre tanto desquicio olvidó las llaves para salir... y salió igual.”



E.B.

lunes, 23 de agosto de 2010

VÉRTIGO DE INSTINTOS


Me dan vértigo mis instintos, desconfío con tanta confianza de lo mental. Apoyo mis pies y bordeo cada centímetro, a veces temo que tanto concreto hunda para siempre esta humanidad sin razón de ser.
Veo el cuadrado que emana sangre, la letra que quema papeles, la tinta que escribe mentiras… y esos ojos que siempre, aunque temo se equivoquen, permanecen junto a mi tristeza.
Maratones de personas que visten presiones… y un viejo saxofón en cada tacho de basura que tropiezo.

Me ensordezco con lo que no se detiene jamás, analizo las hormigas y su globalización paradójicamente solidaria, aún siento orgullo de este insomnio sin luna, y por suerte sin espejos.
Me emociono con un tango del Polaco, esos que bajo un aroma a alcohol nos dejó pensando que estarían en buenas manos. Simple naturaleza del error humano, pensar que el mundo progresista nos lleva por buen camino…

Y sigo temblando de miedo por esos ojos, que se sientan al borde de mi cama cada noche.

Aún sigo bailando.
Aún duermo pensando si volverás.
Aún creo que “creer” es un gran engaño moral.

Y ahora despierto, mi pecho carga una sensación extraña.
Hay un reloj, señala algo…
                   (una nueva espera se forma…)
Mis pies se calzan, bordean el cemento.
Lavo mi cara de los miedos nocturnos, vuelvo hacia el reloj y desespero. Intento desarmarlo, pero hay un tic-tac que proviene de mi interior…

                 y tengo miedo
                    y es otra vez de noche
                               y otra vez están esos ojos…


E.B.

LLUVIA DE OCTUBRE


Se que recordaré donde guardas el cenicero de tus esperas y asombros.
Se que olvidaré los cigarros que por ti consumí para no tallarte perfecta, como acostumbro a vestir la naturaleza humana, imperfecta como la espera.
Se que recordaré tus cosquillas inquietas y sonámbulas que vagan día y noche sobre tu piel de tergopol.
Se que olvidaré el calambre de clímax que me provocan tus ojos color té disparándome palabras hechas cuerpo.
Se que recordaré tu debilidad por sofía, ciencia inexacta de tu vida, como también tallaré esos dedos que tantas vueltas de página le dieron a mis creencias.
Se que olvidaré los latidos que despertaron y durmieron mis pies al descubierto, cuando las sábanas cayeron al suelo y el placer nos abrazó bajo la lluvia de octubre y esa luna, que no fue de miel, sino de culpa y pecado, exquisitos placeres que bebimos hasta ahogar.
Se que recordaré tus labios que en medio de gemidos de placer y suplicando por más, pronunciaron -provocándonos- “no te enamores de mí”.
Y se que por eso olvidaré recordar que el olvido tal como el amor no existen. Las creaciones humanas se pueden abatir, pero la base de tus ojos y tu ámbar de aliento respirando sobre el mío, serán el placer más vivo que recuerde en tu olvido.


E.B.